Nikoo's profileEl Rincón Jurásico Tardí...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
Porque cada persona es lo que lee, algunas recomendaciones para alimentar las neuronas
Sin intención de ser crítico del séptimo arte, he aquí algunas películas que no me canso de ver
Cómics que vale la pena tomar en cuenta
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El Rincón Jurásico TardíoUn lugar donde lo más primitivo sale a relucir June 24 37 razones de peso para anular mi voto“No vine a decir que sí, ni a recordar lo que fui…
ni a oír políticos que dicen que hablarán por mí
(trato y trato y no recuerdo cuándo se los pedí),
ni me parecen manera de exigir mi elección
para cambiar los payasos que saquean mi nación”
Fernando Delgadillo
(No vine a decir que sí)
1. Porque, con las opciones que nos ofrecen los partidos políticos, sólo hay de dos sopas: abstenerse o aprovechar el momento para mandar un mensaje muy claro a la sociedad.
2. Porque abstenerse no es opción… sobre todo porque no quiero que Alejandra Guzmán, con su voz de beoda gritona, me ande escupiendo después a la cara: “Si no votas, cállate” (aparte de no darme opciones reales para cambiar el país, ¡ponen a esa triste vieja marihuana para que me regañe!)
3. Porque votar es mi derecho, pero eso no significa que deba ejercerlo convirtiéndome en cómplice de quien trata de engañarme o verme la cara de idiota (que de eso ya me encargo muy bien yo solito).
4. Porque me recontrachoca la cabrona escuincla que sale en los spots del PRD, ejemplo de desprecio ante la actividad neuronal humana (¿de quién será hija o sobrina o nieta? ¿De algún alto mando de ese partido?).
5. Porque la falta de respeto que comenten los partidos políticos con sus propagandas adornadas por photoshop y personalidades reconocidas, es totalmente indignante.
6. Porque en las pasadas elecciones federales del 2006, más del 40% de los votantes se abstuvieron de acudir a las urnas a emitir su voto… y ya ven lo que pasó (y sigue pasando).
7. Porque no encuentro una opción verdadera en la basura de los actuales partidos políticos para que represente mis intereses ante el gobierno.
8. Porque detestaría ver a Ana Guevara llegar a ser jefa delegacional de la Miguel Hidalgo… y que, al igual que en las pistas, se conformara con ganar el segundo lugar en una carrera mucho más importante: la de prestar atención a la ciudadanía.
9. Porque no me siento representado por alguno de los candidatos a los puestos de elección popular, no comparto su visión y, lamentablemente, no tengo opción para proponer a alguien más (si algún ciudadano mexicano quiere aspirar a uno de esos puestos, tiene que pertenecer a uno de esos circos de tres pistas que algunos llaman “partidos políticos”).
10. Porque es mi manera pacífica de decirle a la inmunda clase política que nos gobierna que estoy descontento, y que no estoy de acuerdo con ninguno de sus partidos, ni con las porquerías que hacen.
11. Porque no pienso dejar mi papeleta en blanco, para que algún escrutador distrital pagado aproveche y utilice mi voto para beneficiar al partido de su ingenua preferencia.
12. Porque es una oportunidad excelente para llevar a mi hija a las urnas con el fin de enseñarle a jugar Gato en la papeleta, y decirle que la esencia de un país no está en un logotipo, en un comercial o en un candidato, sino en nuestra gente.
13. Porque siempre me ha dado terror el hecho de intentar hacer un cálculo de cuántas obras públicas podrían construirse, o cuánta comida para indigentes podría servirse, o cuántas escuelas podrían inaugurarse, o cuántos programas de verdadero desarrollo social podrían instaurarse si se destinaran para ello los millones de pesos que los partidos usan en propaganda… y cualquier resultado es ofensivo.
14. Porque sería genial hacer realidad la frase que Alan Moore nos regaló en su serie de historietas de V for Vendetta: “La gente no debe temerle a su gobierno, ¡el gobierno es el que debe temerle a su gente!”.
15. Porque tal parece que Sabina y Páez pensaron en la clase gobernante mexicana al cantar juntos: “La política… ¡Qué falta de respeto! ¡Qué atropello a la razón!”.
16. Porque mi voto anulado será, el próximo 5 de julio, el único medio que tendré como ciudadano común para hacerme escuchar… por muy pequeñito que parezca el gran tache que pondré en toda mi papeleta.
17. Porque tanta propaganda de los partidos políticos con la que nos están inundando desde hace tres meses, sólo pone de manifiesto que saben perfectamente que se están enfrentando a un generalizado rechazo popular.
18. Porque, en vez de grabar spots y contaminar las calles con tantos carteles de plástico, los políticos deberían hacer lo que deben hacer: escuchar y atender las necesidades reales de la gente.
19. Porque cada partido está demostrando su total valemadrismo ante el pueblo, al seleccionar y ofrecernos candidatos pésimos con las mismas promesas increíbles de siempre.
20. Porque el PRI, el PAN, el PRD, el PVE y los demás han demostrado ser tan malos el uno como el otro, con historias de corrupción, ineptitud, doble moral, votaciones internas amañadas y vínculos con el crimen organizado.
21. Porque los partidos políticos de mi país, hoy más que nunca, no buscan postularse para trabajar por el interés del pueblo, sino para salvaguardar sus propios intereses y mantener el poder.
22. Porque estoy harto, pero no voy a transformar ese hartazgo en una apatía que me haga abstenerme de acudir a las urnas en estas elecciones y darles un motivo más para criticar mi, según ellos, "falta de conciencia política".
23. Porque parece que todos los que forman parte de los partidos políticos viven en una realidad alterna a la nuestra, y desconocen (o no quieren conocer) por completo lo que todos los días debemos enfrentar nosotros como ciudadanos comunes.
24. Porque no se trata de jugar a la lotería o echarse un volado para votar por un partido sólo por elegir alguno: al anular mi voto, por lo menos podré señalar claramente la indiferencia que me provocan los políticos y sus propuestas.
25. Porque, aunque digan los que saben que anular mi voto no llevará a nada porque no hay manera de que se pueda distinguir entre un voto anulado a propósito y un voto anulado por error, la realidad es que el mensaje de que ya estamos hasta el queque de los políticos podrá ser advertido a través de una simple comparación estadística (¿quieres saber cuál va a ser la proporción más elevada de votos anulados en las últimas cuatro elecciones? Yo ya lo sé).
26. Porque ya estoy hasta los cheetos de que el gobierno, los partidos y los líderes de opinión usen mi voto (esto es: el voto de todos nosotros) como un mecanismo de control. Vamos: como si fuera una cuestión de premio y castigo, cuando en realidad debería ser tratado como una herramienta de transición social.
27. Porque las elecciones son la cosa más antidemocrática que un país “democrático” como el nuestro puede venderle a su gente, porque aquí, más allá de la boleta electoral, no existe (al menos hasta el momento) una relación verdadera entre votantes y votados.
28. Porque el hecho de que el sistema político mexicano no permita en la práctica la presencia de candidatos independientes, es tan pinche como contar con legisladores plurinominales: la antidemocracia en su máxima expresión.
29. Porque los políticos nos creen tan estúpidos que no sólo echan mano de nuestra poca memoria social (¿realmente puedes creer en el “Así sí gana la gente” del PRD, después del escándalo de El Señor de las Ligas?), sino que, en vez de facilitar la búsqueda de información sobre sus partidos y sus propuestas, prefieren usar únicamente mecanismos de imagen para ganar por apariencia (desde el diseño de una identidad partidaria, hasta los rostros de famosos como candidatos, sin olvidar la aberrante y continua exposición de propaganda en todos medios de comunicación).
30. Porque el Peje y sus sueños de conquista napoleónica-guajira ya me tienen hasta la madre.
31. Porque ya no sabía si reír o llorar cuando supe que el PRD designó a Guadalupe Loaeza como candidata al X distrito electoral de la Ciudad de México (que comprende gran parte de la delegación Miguel Hidalgo). Pero definitivamente opté por reírme cuando supe que quien la había invitado fue el mismo Marcelo Ebrard (¿y esto es la izquierda?).
32. Porque no soy un indeciso ni un abstencionista, tal como tratan de hacérmelo creer todas esas personalidades que están en contra de anular el voto: soy, simplemente, un ciudadano responsable, pero harto de estar harto de los políticos y sus engaños de tres pesos.
33. Porque esto de votar a güevo por un partido se me antoja como un ¿chiste? de Eduardo Galeano: Estaba el cocinero disponiéndose a hacer un guiso y, como era muy democrático y siempre escuchaba a los demás, les dio a los pollos la oportunidad de que eligieran en qué salsa querían ser comidos; “Es que no queremos ser comidos”, dijeron los pollos; “Esa no es la cuestión”, respondió el cocinero.
34. Porque me parecen patéticos los intentos de algunos partidos por desprestigiar el voto nulo al vincularlo con movimientos relacionados con el PAN, o señalándolo como una acción anticiudadana y antidemocrática. En otras palabras, porque soy mucho más ciudadano que la mayoría de los políticos.
35. Porque no se me pega la gana hacerme cómplice de aquellos que quieren mantener a mi país en la misma situación.
36. Porque sé, en el fondo de mí, que no todo está perdido, y que la anulación de mi voto puede ser el primer paso para demostrar que, cuando el ciudadano quiere, puede hacer que las cosas ocurran.
37. Porque estoy muy, pero muy encabronado, y no quiero vivir en un país donde el descontento crezca tanto, que sólo pueda ser tomado en cuenta cuando la gente lo demuestre sosteniendo un arma en la mano.
Ya estuvo bueno, ¿no?
June 23 ¿Quién diablos es Vickie Guerrero? (o “20 búsquedas enfermizas que llevan a este blog”)"The good old days, the honest man,
the restless heart, the promised land…
a subtle kiss that no one sees…
a broken wrist and a big trapeze."
The Killers
(Read my mind)
Pues sí: ésta es Vickie Guerrero, ofreciéndonos su propia versión (¡sublime!) de "La Maja Desnuda" (por fortuna para nuestras córneas, las áreas comprometedoras están censuradas: de lo contrario, nuestros ojos seguramente sufrirían daño físico irreversible). Si te pegaste en la cabeza siendo niño y tienes el área del cerebro que regula la estética femenina demasiado dañada como para buscar imágenes de esta mujer en cueros y sin cuadritos pudorosos, regresa al buscador... ¡y suerte! Con más pena que gloria, debo admitir que los únicos encuentros de lucha libre que llegué a disfrutar fueron los que vi en mi nostálgica niñez y en mi estúpida adolescencia. Me refiero a esos enfrentamientos protagonizados por personajes que hoy se antojan cuasi-míticos: El Volador, Canek, El Rayo de Jalisco Jr. (quiero decir: el primer Jr., porque creo que ahorita ya es el nieto), El Villano VI, Lizmarck (el papá, no el hijo), Máscara Sagrada, Octagón, Blue Panther, Kung-Fu (pobre: tenía cara de borracho… es una lástima que le hubieran quitado la máscara), Atlantis (antes de que se volviera rudo, y después técnico, y después rudo, y después…) o El Último Dragón.
Hoy, las luchas, tanto las gringas como las mexicanas, se me antojan demasiado iguales: es decir, melodramáticas. Si en las telenovelas se permitiera golpear, seguramente serían grabadas en La Arena México o en la Coliseo. Los luchadores de hoy hablan mucho, se emberrinchan demasiado y la hacen de jamón otro tanto… y sólo el 44% del espectáculo actual es verdadera lucha libre... casi-casi lo mismo que en el fútbol mexicano.
Oh, sí: atrás quedaron los enfrentamientos en los que no era necesario un micrófono, ni ser fanfarrón, ni bajarle la novia al rival (les digo: una verdadera telenovela). Nada se compara con las luchas en las que, con pura intención postural, los luchadores te hacían tomar bando y vivir durante tres caídas un auténtico enfrentamiento entre el bien y el mal.
¿Que por qué saco a la luz la lucha libre en este rincón tan primitivo de la red? Sucede que, hace dos días, cuando llegué a mi casa, me topé con El Santo sentado ante la computadora de mi estudio, revisando las estadísticas de este blog. Estaba vestido con sus botas y sus mallas de faena luchística, y tenía puesta su capa plateada de gala bajo el torso desnudo. Bien pude haberle besado las patas e hincarme ante él haciendo reverencias, pero el miedo me lo impidió. En serio, el susto que me dio verlo ahí casi hace que me vuelva a dar vértigo... y es que, si ahorita empiezo a alucinar a El Santo (al padre, o sea, al verdadero, no al hijo, que primero fue técnico, y después rudo, y después técnico, y después…), ¿se imaginan qué sigue? ¿Jorge Negrete? ¿Los monstruos de Clavillazo? ¿Tin Tán? (y me vale si los que lo elevan al nivel de ícono de contracultura se enfurruñan conmigo: me-ca-ga) ¿Pili y Mili? ¿Cachirulo? ¿El Loco Valdés? ¿Pedro Infante? ¿Cantinflas?
¡NooOOooOOooo, por el amor de DioooOOooOOooos: noooOOooOOooo!
Así que me acerqué con cautela y lo abordé con toda la cortesía de la que soy capaz (no fuera a hacerme una quebradora en todo lo alto):
—Buenas, Don Rodolfo. ¿Se divierte?
Se me quedó mirando con cierta desconfianza.
—¿Cómo me llamaste, hijo? —respondió con su voz aguardientosa, la verdadera, no con la que doblaban sus diálogos en las casi 60 películas que protagonizó.
—Pues por su verdadero nombre. ¿O qué? ¿Prefiere que le diga Señor Don Santo?
—No, con el Rodolfo está bien.
Me acerqué y miré sobre su hombro.
—¿Asunto? —pregunté.
—¿Cómo? —respondió, mas bien medio paniqueado.
—Sí, ¿busca algo en particular? Porque esa es mi compu, y tiene muchos archivos personales…
—Si te refieres a las fotos porno de Erica Rose Campbell, no te apures —contestó como si nada—: demasiado güerita para mi gusto.
—En primera, no son pornográficas ni de chiste: “eróticas”, si me hace el favor (ojalá fueran realmente porno). Y en segunda, puede borrarlas si quiere: me defraudó mucho cuando me enteré que dejó de posar por convertirse al cristianismo.
—Bueno —retomó—, he de aceptar que la chamacona está bárbara…
—¿Nomás vino a deleitarse la pupila con mi colección personal de la Campbell?
—En realidad, vine porque me mandaron tus amigos.
—¿Mis amigos?
—Sí, esos jovencitos con los que te juntas…
—Ah, chingá, ¿cuáles, Don Rodolfo?
—Esos… los que a veces te visitan: Andrés, Joaquín, Miguel… hasta un gringuito anda por ahí.
—Ah, vamos: se refiere a mis alucines baratos.
—Esos meros —respondió.
—¿Y por qué no vino uno de ellos?
—Quesque están enojados contigo. Porque bateaste al doctor.
—¿A cuál doctor?
—Yo no sé —se encogió de hombros—. Así me dijeron.
—Ah, ya entiendo, se refieren a House…
—¿Jáus? —preguntó extrañado.
—Así se apellida uno de ellos, pero no haga caso: yo no lo bateé, fue él quien decidió dejar de ser una alucinación más en mi vida, pero eso es harina de otro costal —respondí, aún extrañado de que estuviera tan interesado en las estadísticas de mi blog—. ¿Y para qué lo mandaron conmigo, oiga?
—Para esto —me mostró una cifra en el monitor—. Para que supieras que ya tienes más de 22,900 visitas en tu espacio.
—¿Neta? ¿Casi 23 mil?
—Pero ni te emociones —replicó—. Precisamente me mandaron para hacerte saber que más del 95% de las visitas registradas en tu blog son búsquedas redireccionadas desde Google, y de temas bastante degradantes, si me permites la expresión...
—No me diga —fingí sorpresa—. ¿Trajo una lista o algo parecido?
—Pues ellos me dieron ésta…
Y me mostró estas referencias que se marcan cuando algún idiota usa un buscador para ir en pos de cochinadas en la red, apareciéndole la dirección de mi blog como posible resultado.
1. vicki guerrero desnuda
(México)
2. mujeres de los 60 porno
(google.com)
3. imagenes de chavas de 17 años desnudas
(México)
4. PATITO ES BESTIDA DE AMERICA
(México… ¡me carga la chingada, y por partida dovle!)
5. mujeres encueras play boy
(Colombia, donde las mujeres no aparecen "encueradas", sino "encueras", por lo visto)
6. sharon la hechicera desnuda
(Argentina... y no: yo tampoco sé quién es la pobre Sharon, porque bruja vaya y pasa, pero, ¿aparte desnuda?)
7. x men moira le da terapia a magneto en silla de ruedas
(google.com)
8. asustame panteon
(México)
9. mujeres casi desnudas
(México)
10. nikoosaurus
(oh, sí: algún incauto o incauta se mete a este sitio tres veces por semana desde Google tecleando mi nombre, para que su referencia no pueda ser rastreada por el sistema de estadísticas, lo cual no puede hacer más que producirme ternura ante tanta ingenuidad)
11. 50 frases para bajar de antonio jose de sucre
(algunos güeyes quieren que Internet les haga la tarea completita)
12. mujeres desnuna
(¿Ven lo que deja buscar pornografía en la red? Mala sintaxis… y pelos en las palmas de las manos, ¡yeach!)
13. tengo cerrado el corazon y abierto el minibar
(Paraguay, donde se ve que no acostumbran a aprenderse bien las canciones de Calamaro)
14. imagenes animadas te amo
(Perú… sin palabras)
15. biografia de lemming roedores
(Argentina… ¿qué no las biografías son para seres humanos, nada más?)
16. mujeres encueradas haciendo el amor
(México… ¡enalteciendo el nombre de nuestro país, chingao!)
17. escritos inmortales frases
(Argentina… seguramente estaban buscando jeroglíficos, o el Código de Hammurabi)
18. MUJERES ENCUERADAS
(Así, en mayúsculas, y usando el buscador de Babylon)
19. Frases para jamas olvidar
(Venezuela… ¡favor que me hace la red al considerar lo que escribo como “inolvidable”!)
20. encueradas mujeres
(México… y en subjuntivo, para los que son por Internet cachondos)
—Ya veo —le dije a El Santo—. Muy poquitos ejemplos para elevar a nivel de ley la hipótesis de que mi espacio es una referencia automática en las búsqueda de basura en línea, ¿no le parece?
—Ah, es que ésta lista es de apenas las últimas ocho horas: en realidad, te hicimos un favor —respondió Don Rodolfo después de carraspear—, porque tenemos más de 900 referencias distintas, y casi el 50% de ellas hacen mención de Vickie Guerrero “desnuda” o “encuerada”, pero por lo regular escriben mal su nombre. Sólo el 2% del total corresponde a entradas directas a tu blog, escritas intencionalmente en el browser del navegador del usuario.
Lo miré con asombro.
—¿Y quién diablos es Vickie Guerrero?
—Vickie Lynn Guerrero (nacida Lara) (16 de abril de 1968) es una personalidad de la lucha libre profesional norteamericana, la cual es más conocida por trabajar en la World Wrestling Entertainment como la General Manager de las marcas RAW y SmackDown!, además de haber sido la manager de varios luchadores. También es conocida por ser la viuda del fallecido luchador Eddie Guerrero.
—Eso lo sacó usted de la Wikipedia, Don Sanx…
—Bueno, esa es la mejor respuesta que encontré.
—¿Que no se trata de la mujer que ha hecho de la lucha libre gringa la peor telenovela de la historia?
—Así es —me dijo solemne, mientras se levantaba acomodándose la capa—. Para que veas que, a pesar de tener tantas visitas, la mayoría inician buscando a esa... mujer.
Hice cara de asquito.
—Y desnuda...
—O encuerada —respondió El Santo.
—Dios… ¿quién será tan masoquista como para querer verla sin ropa?
—Algunos compatriotas nuestros, principalmente. Por fortuna, yo ya estoy muerto. Fue un gusto.
Don Rodolfo se dirigió hacia la puerta, con la intención de irse.
—Oiga… —le dije, titubeante.
—¿Qué pasa? —me preguntó volviéndose desde el marco de la puerta.
—Dirán lo que digan, pero yo cambiaría todas las luchas de El Místico, Rey Misterio, o cualquier otro luchador de los de ahora, por el solo enfrentamiento al que me llevó mi padre para verlo a usted en vivo allá en el Toreo de Cuatro Caminos, cuando le quitó la máscara a un tal Molby Dick en 1979…
El Santo me sonríe con sinceridad.
—¿Cuántos años tenías en ese entonces, hijo? —me pregunta casi paternal.
—Siete, Santo.
—Dos años menos de los que tiene tu hija en la actualidad —comenta pensativo—. Fue una buena pelea. Qué bueno que te gustó. Esperemos que dentro de 30 años Azomalli también guarde el recuerdo de su padre llevándola al cine, a comer sushi, a los juegos mecánicos o a escuchar un concierto en el Palacio de Bellas Artes.
—No espero tanto, mi Santo.
El Santo sonrió y desapareció tras la puerta. Ya no escuchó lo que quería decirle sobre mi hija: creo que no me importaría si, en la vida adulta, la Malli no tuviera algún recuerdo de mí llevándola a ver/comer/hacer algo que le gusta ahora que es niña. Siempre he dicho que, con que ella sea feliz, es mucho más que suficiente… no importa si no logra tener a su propio Santo para recordar un buen momento junto a su padre…
Yo recuerdo todos esos momentos. Todos y cada uno de ellos.
Y eso alcanza para los dos.
N. A. del N. (o séase, Nota Aclaratoria del Nikoosaurus)
Casi todo, salvo las estadísticas, fue producto de mi desahuciada imaginación: sí, llegamos a las 22,900 enttradas en el blog; sí, un gran porcentaje de visitantes entran buscando a Vickie o a cualquier mujer encuerada, y se encuentran (¡qué ironía tan bella!) con la copia que he puesto de “La Maja Desnuda”; sí, Erica Campbell se volvió cristiana; y sí, de tres a cinco veces al día alguien entra directamente a este blog, por gusto propio.
A esas tres o cinco personas, mil gracias: con gusto cambiaría estos pinches 22,900 registros por una sola de sus visitas.
Y a los güeyes que buscan fotos de Vickie Guerrero desnuda: por lo menos, escriban bien su nombre (pendejos).
June 10 37 códigos bastante absurdos que han hecho mi vida mucho más razonable“No sé qué es peor:
que me den consejos,
o me den razones”
Fito Páez
(Música para camaleones)
1. Nunca salgas con una mujer que, además de ser poco inteligente, tenga pésimo gusto.
N.A. del N. (Nota Aclaratoria del Nikoosaurus):
¿Qué cómo descubro a una mujer así? Muy fácil, la invito a salir: si acepta, no sólo es poco inteligente… también tiene un gusto del nabo.
2. La lógica de las relaciones humanas es tan elemental, que la diferencia entre una vida solitaria pero apacible y una temporada en el reclusorio acusado por crimen pasional, es una retirada a tiempo (RE-TI-RA-DA, que no huída… ya lo dijo Thanos: huir es caótico, retirarse es estratégico, ¿recuerdan?).
3. No te compliques la vida ni traumatices a un infante: nunca le respondas a un niño sin saber a ciencia cierta qué diablos te está preguntando.
4. Mantén alejadas las tentaciones: jamás compres un arma de fuego…
5. Tampoco guardes en tu casa un frasco de barbitúricos…
6. Y mucho menos, conserves los teléfonos de tus ex.
7. Si alguien que supuestamente te amó demasiado en el pasado cree que tiene motivos suficientes para odiarte mucho en el presente, antes de comprar un chaleco antibalas (o antipalabras, da lo mismo), mejor recuerda que, en una relación, la culpa siempre se comparte… no importa si la otra persona es incapaz de comprenderlo (por inmadurez, enfermedad mental, estupidez, terquedad o una mezcla de las anteriores). En otras palabras, nunca olvides que, por lo menos en ese ámbito, no existe razón alguna para que no puedas dormir tranquilo.
8. Según los científicos, ningún ser vivo, bajo las circunstancias propicias, es capaz de desaprovechar la oportunidad de aparearse: piensa en ello antes de reclamarle a tu pareja por serte infiel.
9. Nunca le hagas el favor a un estúpido de subestimarlo: el mundo está dirigido por ellos.
10. Recuerda siempre que todos vamos a morir… pero eso no significa que debas escribir un testamento cada día.
11. En algún momento de la vida, es necesario aceptar tres simples verdades que se acrecentan con el paso del tiempo: a) Cada día te vuelves más viejo. b) Cada día te da más miedo enamorarte. c) Cada día compruebas que todas las relaciones de este mundo son, en el mejor de los casos, algo así como el vampirismo, pero a nivel emocional.
12. La bondad más tangible de la paternidad es que te brinda la oportunidad perfecta para comprender cuán parecido eres a tus propios padres, por muy lamentable que esto te parezca (exacto: mejor piénsatelo dos veces antes de decidirte a tener descendencia).
13. Al momento de educar a tus hijos, jamás olvides que un niño sin disciplina está destinado a convertirse en un adulto muy triste (lo malo es que, gracias a las nuevas teorías de comprensión sobre la malcriadez infantil, el futuro del mundo se antoja bastante melancólico). Dicho de otro modo, y por mucho que te duela, ten en cuenta que una nalgada a tiempo vale más que un ser humano frustrado que nunca tuvo la oportunidad de conocer sus límites.
14. Hay dos cosas que nunca debes pasar por alto de las mujeres: ellas son los únicos seres en el universo conocido capaces de llorar cuando están contentos, de sonreír cuando mienten… y de sangrar durante tres días seguidos sin morirse (bueno, fueron tres cosas, pero el chiste es que nunca debes confiar demasiado: la naturaleza misma las delata).
15. No te hagas el ridículo a ti mismo: jamás le hables por teléfono a una ex estando ebrio (no importa que el 85% de las mujeres crean que esa patética acción es una muestra de cariño, basándose en la creencia falsa de que “Los borrachos y los niños dicen sólo la verdad”).
16. Ten siempre presente que la boca es, en realidad, un órgano sexual que a veces sirve para comer (y hay que practicar).
17. Nunca te dejes envejecer lo suficiente (por lo regular, eso ocurre cuando eres incapaz de comprender a los jóvenes que hacen las mismas cosas que tú hiciste en la adolescencia).
18. Si quieres llevar una vida medianamente saludable, mantente alejado de las contradicciones (de las propias y las ajenas: agradece siempre cuando conozcas a una persona auténtica… es una especie en peligro de extinción).
19. Aunque juegues lo que sea, y todo lo que puedas, el día de mañana comprenderás que nunca fue suficiente… así que no dejes de hacerlo.
20. Vivir con la casa hecha un desmadre no es un símbolo de creatividad: es un pálido reflejo de la vida que llevas, y de la importancia que le das.
21. Jamás abras el ataúd en un velorio: recuerda siempre a la persona cuando estaba en este mundo, y nunca dejará de existir.
22. Antes de sentarte a comer, no olvides que más de 900 millones de personas en nuestro planeta sufren de hambre extrema, y que un tercio de la población mundial (más de dos mil millones de seres) tiene carencias nutricionales. Y da las gracias (a quien sea), por experimentar tres veces al día el milagro de los panes y los peces.
23. Nunca cometas la estupidez de inyectarte botox o teñirte el cabello: siéntete orgulloso de tus arrugas y tus canas (cada una, cuenta una historia).
24. Aunque te parezca horrorosa, jamás le hagas el feo a una corbata que te regala una mujer: por lo general, tienen un excelente gusto para ello (posiblemente no les vaya a gustar a tus amigos, pero con ella seguro atraparás la atención de la mayoría del público femenino).
25. Si vas a profesar una religión, adéntrate por completo en ella y sigue sus preceptos: no te conviertas, por ejemplo, en un mediocre católico de fin de semana. De lo contrario, deja atrás la hipocresía y revélate como un ateo bienintencionado o, de perdida, como un orgulloso agnóstico (de cualquier forma, si Dios existe, seguramente le importa un divino rábano).
26. El cine siempre será mejor que la realidad: cada vez que sientas la necesidad de evadirte, métete a ver una película, no importa si vas solo (en todos los sentidos, es mucho más barato que consumir drogas… y, definitivamente, más enriquecedor).
27. Jamás te sientas culpable por pasar todo un domingo en cama viendo la televisión: todos nos merecemos esos momentos de aburrición extrema (y, de cualquier manera, el mundo no va a dejar de girar a una velocidad de 29 kilómetros por segundo –en promedio– alrededor del Sol).
28. Todo lo que lees, vale… aunque sea para comprender que no estás de acuerdo con el que lo escribió. La regla es simple: lee mucho. Y cuando hayas leído mucho, lee más (una buena lectura es capaz de curar casi cualquier cosa… incluso un corazón atorado).
29. El alcohol es maravilloso: no lo menosprecies usándolo como un pretexto para sentirte bien (suele cobrarse un precio muy elevado).
30. Siéntete inmensamente feliz cada vez que alguna ex tenga una nueva pareja, y ruega porque la mantenga lo suficientemente ocupada como para que no pueda seguir dándote lata (en los casos de lucidez mental, es el remedio perfecto para que dejen de echarte la culpa de todo).
31. Nadie puede tener la razón en todo, pero sólo los cretinos no son capaces de defender su punto de vista: si puedes, enfráscate de vez en cuando en una buena discusión, pero nunca cometas la estupidez de decirle a tu interlocutor: “estás mal” (una persona medianamente inteligente es incapaz de creer en su propia omnipotencia; por ello, lo más que puedes exclamar ante tal situación es un sano: “no estoy de acuerdo contigo”).
32. Jamás intentes averiguar por qué las mujeres siempre preferirán a un patán atormentado que a un hombre apacible, pero aburrido: que te baste saber que ése es el único argumento que tienen para sostener que “todos los hombres son unos cabrones”.
33. Ya sea en un día de campo o en una fiesta en casa de un amigo, procura siempre dejar el lugar del que te vas en mejores condiciones de como lo encontraste.
34. Antes que cualquier otra cosa, un empleo es una fuente de sobrevivencia. Así que no te quiebres la espalda ni dejes de dormir por conflictos laborales: al final, tenlo por seguro que nadie te agradecerá por ser un workholic.
35. Mantente siempre en movimiento: la quietud es la mejor manera de olvidarte de quién eres.
36. Jamás te avergüences por tener gustos musicales culposos: ni a Beethoven ni a Chopin les importa.
37. Y, por lo que más quieras, nunca (pero NUNCA) hagas caso de los consejos que te da otro, por muy bien intencionados que sean: nadie experimenta en cabeza ajena.
June 08 De lemmings y hámsters (O “Cómo cerrar círculos incompletos cuando el diámetro es demasiado… ¿grande?")“La cabeza en la boca del león…
soy un domador muy poco decidido.
Tengo estilo, pero soy mal jugador…
el premio de consuelo lo tengo merecido”.
Ariel Rot
(Cenizas en el aire)
Esta historia comenzó hace más de 30 años.
Cuando yo era niño, solía pasar, junto con mi hermana, gran parte de mi vida diaria en la antigua tienda departamental de Sears Roebuck de Lindavista (hoy existe otra, pero no es ni la mitad de grande que la anterior, la cual ocupaba todo el tamaño de lo que hoy es plaza Lindavista).
Mi madre trabajó ahí desde que yo tengo uso de razón; empezó como vendedora en el departamento de blancos y, en menos de cuatro años, logró hacer carrera en ese lugar, llegando a ser jefa de tres diferentes áreas (fotografía, dulcería y juguetería). Era obvio que su vida estuviera determinada por su horario laboral, por lo que Mara y yo aprendimos a pasar las tardes sin supervisión materna, y a hacernos un poco responsables de nuestras respectivas integridades un poco antes de tiempo.
Sin embargo, antes de que eso ocurriera, Chuy a veces no tenía con quién dejarnos, y nos llevaba con ella al trabajo. Nos ganamos la reputación de niños bien portados y casi llegamos a ser parte del inventario departamental… incluso cuando, por políticas de la empresa a nivel nacional, se colocaron carteles en la entrada de empleados de todas las tiendas, advirtiéndoles a los trabajadores que estaba estrictamente prohibido llevar a sus hijos. Casi puedo recordar como si fuera ayer el rostro de frustración de mi madre al leer el aviso, llevándonos a mi hermana y a mí de la mano, a las carreras para checar su entrada, y la enorme figura del gerente de la tienda, enfundado en un traje de tres piezas gris Oxford, acercándose a nosotros para decir: “Este anuncio no cuenta para usted, María de Jesús: sus hijos siempre serán bienvenidos aquí”.
Mara siempre fue más popular que yo: no terminaba de regresar con un grupo de vendedoras en su hora de receso cuando otras le volvían a pedir que las acompañara, por lo que se pasaba gran parte del tiempo en la cafetería. A mí, por otra parte, siempre me podías encontrar sentado en la parte baja de los anaqueles del área de Libros, solo y descreído, como ahora, leyendo algún libro sobre ballenas.
Ignoro cuándo comencé a leer, y mis padres tampoco se acuerdan (o no se quieren acordar, da lo mismo). El caso es que, a la edad de seis años, yo sabía cosas que ningún niño debería de saber –como que el orificio que se localiza en el lomo de los cetáceos se llama respiráculo–, porque mi madre solía recompensar mi buen comportamiento mostrado en la tienda con algún libro.
(Me pregunto qué hubiera pasado si la pobre hubiera sabido en ese entonces que no sólo se trataba de una simple fascinación por leer, sino que también podría ser un desesperado intento de mi parte por contrarrestar tempranamente esta incapacidad de relacionarme con el mundo… tal vez hubiera preferido regalarme una pistola de dardos).
Fue así como los primeros títulos de mi vida comenzaron a alimentarme las neuronas y (¿por qué no decirlo?) también esta melancolía innata: Un capitán de 15 años, Colmillo blanco, La cabaña del Tío Tom, El Corsario Negro, Moby Dick (que era una ballena de las llamadas cachalotes, por cierto), El último de los mohicanos, El Libro de Oro de Estampas de La Tundra Ártica de Walt Disney…
Éste último reviste una gran importancia, pues el tema central de este relato se encontraba entre esas páginas repletas de animales que nunca había visto (y que tal vez nunca veré en persona): bueyes almizcleros, zorros del ártico, perdices blancas, focas leopardo… y lemmings suicidas.
Pues sí: estos ratoncitos rechonchos y marrones, según el librito en cuestión, poblaban la tundra ártica por miles, pues se reproducían como conejos, asegurando una fuente de alimento para muchos depredadores. Pero, cuando sufrían una sobrepoblación extrema, la mayoría se ponían bien locos y salían corriendo de sus madrigueras, atravesando grandes extensiones de helado territorio, hasta llegar al final de la tierra: un acantilado frente a la costa, desde donde se arrojaban con la clara intención de quitarse la vida para mantener el equilibrio de su población.
Años después, en la adolescencia, me tocó ver por la televisión el mismo hecho pero captado en el famoso video de Walt Disney titulado White Wilderness (en muchos países de habla hispana lo tradujeron como Infierno Blanco), que, por cierto, ganó el Óscar al mejor documental en 1958. Y sí: en él, el narrador explicaba cómo estos peludos seres eran los únicos animales, después de los humanos, capaces de quitarse la vida por voluntad propia, mientras en pantalla los rodeores saltaban de un risco y cientos de cabecitas bigotonas trataban de mantenerse a flote en el mar, al mismo tiempo que, a lo lejos, el crepúsculo anunciaba que sus vidas, como el día, estaban llegando a su fin.
Durante casi toda mi vida yo creí al pie de la letra en el mito de los lemmings suicidas, y es obvio que no sólo en mi caso el trabajo de Walt Disney contribuyó a mantener dicho mito. Pero viví engañado, porque después tuve la oportunidad de conocer otro documental canadiense llamado Cruel Camera, en el que se expone que los lemmings fueron arrojados intencionalmente por personal de la filmación, para hacer creer que se suicidaban.
O sea: se trataba de un vulgar y simple asesinato de ratas sin cola. Y sin chiste.
Bueno, en realidad, el ciclo de reproducción de estos animalitos se caracteriza por ser bastante corto, lo que, unido a la gran fertilidad de las hembras, produce frecuentes explosiones demográficas de la especie. Eso es lo cierto. Lo que no está demostrado científicamente es que usen el suicidio colectivo como parte de un mecanismo para autorregular su población.
De hecho, sus muertes más bien podrían ser por accidente, ya que, como la mayoría de los seres que viven en el ártico, los lemmings emigran cada determinado tiempo siguiendo una impronta genética que determina su sentido de orientación. Es así como su instinto les induce a desplazarse invariablemente en una dirección o ruta concreta, sin importar si ésta pasa por un terreno que ha sido transformado debido a cambios climáticos o por la acción del hombre. En otras palabras, los lemmings se acostumbran a seguir el mismo camino y pueden caer en un río o un acantilado, si es que el terreno en su ruta de migración ha cambiado.
Pues sí: a pesar de ser las musas de varias canciones (por ejemplo, de Van der Graaf Generator) y los protagonistas de un videojuego programado originalmente para la computadora Commodore Amiga en el año 1991 (y que actualmente es considerado como el antecesor de los juegos actuales de estrategia en tiempo real), los lemmings no se suicidan. Es más, ni siquiera su nombre está bien: en realidad, lo más correcto sería referirse a ellos como leminos (o, en el peor de los casos, como lemminis), por lo que ni siquiera el término lemming es verdadero.
Todo ello me hace pensar en ellos como bichos sumamente timadores.
En el otro extremo, está el caso de los hásmters, otros roedores verdaderamente más interesantes, porque, por lo menos, éstos no se dan ínfulas de depresión suicida, sino que se trata de verdaderos acaparadores gracias a las bolsas expansibles (llamadas abazones, ¿a poco no soy reteinteligente?) que tienen ubicadas en el interior de sus dientonas boquitas y que van desde las mejillas hasta los hombros.
Tal diámetro les permite almacenar en dichas bolsitas una gran cantidad de comida. Al momento de comer, los hámsters parecen ser unos verdaderos avorazados, pero en realidad sólo están llenando sus cachetes de comida, previniendo que el día de mañana escaseen las fuentes de alimento.
Muchos los consideran animalitos previsores; yo, creo que se trata de bichos neuróticos preocupados por un futuro que no saben a ciencia cierta si llegará.
Hace más de 15 años, en la universidad, conocí a una mujer que cambió mi vida. Yo le decía cariñosamente Hámster, por sus mejillas abultadas, y conocerla fue un prólogo excelente para la vida sentimental que me acompañaría hasta este momento. Me enseñó cómo comportarme ante una mujer, a seducir y a no ser tan intolerante con quien se comparte la vida, porque pasábamos más de 12 horas al día juntos…
Parecíamos una pareja de casados, sólo que con la bendición de tener toda la inconsciencia del mundo a nuestras espaldas.
Hoy, 15 años más viejos, dos matrimonios fracasados (el suyo y el mío) y dos hijas (respectivas) que adoramos, Hámster y yo seguimos en comunicación de vez en cuándo… pero ignoro por qué. Ella se convirtió en esa clase de mujeres cuya existencia se basa en el tipo de logros laborales que obtienes, en el reconocimiento otorgado por el medio que te rodea y en el tipo de personalidades que conoces (incluso se atrevió a decirme que era cuatísima del director de las Librerías Gandhi, como si con eso fuera suficiente para ponerme a escribir en forma). Es, pues, el tipo de mujer "autosuficiente", segura de que no necesita a nadie en el mundo.
Y seguramente yo me transformé en el tipo de hombre que ella detesta. Lo más probable es que ahora ella me vea como un triste comodino (“¿Aún sigues viviendo en ese departamento?”, me preguntó, incapaz de comprender que otro comunicólogo de su generación no pudiera tener una casa en el Ajusco), y como un auténtico perdedor por considerar mi trabajo únicamente como una fuente de ingresos.
No me he movido de mi ruta: mi instinto me indica que debo seguir el mismo camino, mientras ella se ha llenado las mejillas con provisiones para el mañana.
La última conversación que tuvimos fue apenas el viernes pasado; tras preguntarme cómo iba después de mi ataque de vértigo, terminamos hablando de nuestras respectivas situaciones con nuestras hijas: me aseguró que no sabía por qué fui a caer con una mujer como Gabriela, y que ella no se volvería a casar, precisamente para no cometer los mismos errores que yo.
No le contesté a Hámster como debiera. Pude haberle dicho que “caí” con mujer como Gabriela porque, en su momento, fue la única mujer en mi vida que me ha aceptado tal y como soy, que no quiso cambiarme a su manera, ni moldearme de acuerdo con sus perspectivas. En un principio, sólo pedía que yo estuviera con ella…
Y, carajo: por eso, la hubiera seguido hasta el mismo infierno.
Hoy, tengo una teoría de por qué Hámster se pone en contacto de vez en cuando conmigo, aún cuando yo ya no tengo nada qué ofrecerle (carajo, ni siquiera lo que probablemente ella busca: una amistad mediocre). La respuesta se encuentra en la zoología y en el cuidado de las mascotas.
Verán: los hámsters, a pesar de verse adorables y simpáticos, en realidad son unos cabrones animalejos que, en cautiverio, necesitan un espacio individual de más de 40 centímetros cuadrados para convivir en paz, y aún así, eso no garantiza nada: es posible que dos hámsters tengan problemas de convivencia incluso después de un largo periodo de coexistencia pacífica, y aun después de un apareamiento pueden producirse peleas con violentos mordiscos. En esta situación, los hámsters deben ser separados de forma inmediata o llegarán a matarse… sin considerar que, si un macho y una hembra conviven sin pelearse, se reproducirán muy rápidamente, empeorando los problemas de espacio.
Los hámsters, especialmente los dorados, son expertos escapistas. Si uno logra sortear los barrotes de su jaula o las paredes de su pecera, se dará a la fuga de manera casi automática. Ante ello, los expertos recomiendan cerrar todas las puertas de inmediato para confinarle en una sola habitación, y buscarle de forma exhaustiva.
Si no aparece, o no se le puede alcanzar, lo único que se debe hacer es dejarle la jaula abierta y accesible. La mayoría de las veces, el hámster volverá a la misma al cabo de un tiempo, empujado por el hambre y el cansancio.
Simplemente, Hámster se siente sola a veces… a pesar de ser tan autosuficiente. El problema es que aún ignora que ahora yo no podría estrechar amigablemente sus manos, porque es el mismo tipo de manos que, parafraseando a Ariel Rot, “firman las leyes que no puedo obedecer”.
Yo, por mi parte, acepto ser un lemming descubierto in fragantti: he perdido toda mi gracia al dar a conocer que no soy suicida (aunque, para algunos especialistas en psiquiatría, la costumbre de seguir siempre el mismo camino, aunque éste cambie, sería obsesiva compulsiva; y, por lo tanto, yo terminaría siendo un bicho con Trastorno Obsesivo Compulsivo).
O sea, que esta historia se trata, finalmente, de cerrar un círculo que ya duró mucho tiempo, haciendo eco en lo que escribió mi amiga Nora en su propio blog. Hoy declaro que, por necesidad y convicción, he cerrado la puerta de la jaulita, y he olvidado todo acerca de Hásmster: desde el tacto de su cabello hasta el sabor de su aliento, porque ya nunca será la misma.
Es, pues, el asesinato de una historia de pseudo-amor que no funcionó, que se pudrió y que ahora se antoja como un lemming: sin cola…
…y sin chiste.
A manera de epílogo:
Miguel Mateos está en el estudio, cubierto por un abrigo hecho con las pieles diminutas de hámsters dorados, cantando Atado a un sentimiento mientras lee por encima de mi hombro lo que escribo. “Ché”, me dice, con los ojos bien abiertos, “¿no te estarás viendo demasiado boludo al escribir todo esto?”. Sin mirarlo siquiera elijo la opción de Publicar Entrada. “Si se le ocurre volver a llamar, se lo diré de viva voz, Miguelito: te lo prometo”. Me mira atónito. “¿Y si no habla, ché?”. “Entonces”, respondo, “me demostrará que por lo menos no ha dejado de ser ella del todo, y le estaré profundamente agradecido por seguir siendo un poco Hámster”.
Y es que, al buen entendedor, pocas palabras.
May 29 Antílopes siameses (Anécdota médica-alucinógena en un solo acto)“Seremos otros, seremos más viejos,
y cuando por fin me observe en tu espejo
espero al menos que me reconozca,
me recuerde al que soy ahora.”
Ismael Serrano
(Vértigo)
Durante casi dos semanas, viví en un vórtice.
El mareo comenzó el jueves por la noche, con apenas 15 días de estrenar mi cumpleaños número 37. Me acosté tratando de engañarme a mí mismo: “Ya pasará”, me dije. Pero en el fondo, sabía que algo no andaba bien: la única vez que me mareé sin la ayuda de la influencia etílica corriendo por mis venas, fue cuando mi vecino Edgar, apenas tres años mayor que yo, accidentalmente me golpeó con un bate de béisbol en la cabeza, hace ya tres décadas.
El vórtice aumentó, incluso con los ojos cerrado. El resultado era inevitable: media madrugada vomitando, y la otra mitad, tratando de llegar del baño a la cama sin caerme, mientras una sombra recargada en la pared me miraba con ojo clínico.
–Yo no descartaría daño neuronal –me dijo la sombra.
–Cállate, ¿quieres? –alcancé a musitar–. No estoy en condiciones de alucinarte.
La sombra salió cojeando de entre las sombras, y se apoyó en su bastón.
–Te alcancé –comentó Hugh Laurie, caracterizado como Dr. House, triunfante.
–No vale: estoy incapacitado.
Como respuesta, él levantó su bastón y lo blandió frente a mi rostro.
–Yo no vengo de correr el maratón de Nueva York, si a eso te refieres.
–No esperarás que me ponga a hablar de ella en estos momentos, ¿o sí? –alcancé a mascullar mientras el techo de mi dormitorio daba vueltas.
–¿Y por qué no? –respondió–. De cualquiera manera, parece que hablar de tu vida te enferma… Me pregunto si eso será un síntoma más… Ojalá estuviera por aquí mi pizarrón blanco: escribiría “Negación” al final de una larga lista de cosas igualmente interesantes.
–En mi caso, la negación no es un síntoma: es una consecuencia.
–¡Waw! –exclamó con admiración–. Tu caso se torna cada vez más interesante...
–Sólo cierra la boca, por favor: no quiero seguir vomitando.
–Técnicamente ya no puedes hacerlo: tienes el estómago vacío.
En ese momento, como era de esperarse, me levanté como un resorte de la cama y, como pude, llegué hasta el baño. Sólo tuve arcadas sin lograr expulsar nada, y un ligero escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mis manos en forma de calambre.
–¿Algún otro diagnóstico igual de correcto, mi doc? –le espeté mientras me recostaba de nuevo.
–Es obvio que no pudo ser algo que comiste, pues el mareo se está incrementado –expuso Laurie–. Y la sensación de vomitar continúa. ¿Estás seguro de que tu papá no te dejó caer cuando te cargaba de bebé? Quizá se trate de un simple caso de traumatismo craneoencefálico…
–No lo sé: lo único de lo que estoy seguro es de que sí me llegó a zapear dos que tres veces: era medio manchado.
–Um –respondió dubitativo–. Bueno, ahora el problema es que tienes dos problemas: uno, la sensación de vértigo que no cesa, y dos, la deshidratación que estás a punto de sufrir por tantos líquidos perdidos…
House me miró con seriedad, mientras yo veía su rostro girando a mi alrededor.
–Es hora de pedir la ayuda de un doctor de verdad, amiguito –me dijo.
Y así fue. El médico familiar tardó casi dos horas en llegar a mi casa. Media tarde y 0.2 mililitros de difenidol inyectado después, mi hermana declaró que ya era suficiente al no ver mejoría y sugirió pedir una ambulancia para llevarme al hospital, mientras House me miraba tratando de contener la risa. Como nunca me ha gustado darle la razón a los auto-sobreestimados productos de mi hiperactiva imaginación, me vestí con toda la dificultad del mundo y bajé las escaleras como Dios me dio a entender, hasta llegar casi arrastrándome al auto.
Si no vomité en el trayecto al centro médico, es porque realmente ya no tenía nada en el estómago… ni siquiera las ganas de externar los espasmos gástricos que me subían por la garganta. House iba en el asiento trasero, tarareando alegremente I can’t stop loving you, de Van Halen.
En el área de urgencias, un joven pero despabilado médico internista comenzó a auscultarme. House siguió todo el procedimiento minuciosamente, pero sin dejar de sonreír.
–No descarto daño neuronal, colega –dijo sardónicamente Laurie–. Será mejor que le hagas la ya tan célebre prueba de “Sigue mi dedito con la mirada, retrasado”.
Como si lo hubiera escuchado, el internista me realizó pruebas de función cerebral in situ: me pidió que siguiera su dedo índice con la mirada y que moviera la cabeza en varias direcciones. Después de mirarme con escepticismo, salió del cubículo.
–¿Viste su cara? Es el cerebro –dijo House con seguridad–. Es una pena que la medicina haya descartado las trepanaciones hace más de un siglo: hubieras sido un candidato perfecto.
Casi 20 minutos después, llegó otro doctor de mayor edad, y me realizó las mismas pruebas, más otras de coordinación. Se presentó como el neurólogo de guardia y me explicó que mi caso podría tratarse de estrés extremo.
–¡Oh, no, doctor! –exclamó House con ironía–. ¿Él, estresado? ¡Pero si es un hombre pleno que no tiene nada de qué preocuparse! Posee una vida ya resuelta, una buena cuenta en el banco, un estupendo trabajo que le permite realizarse como profesional y un ambiente sentimental satisfactorio que enriquece constantemente. ¿Por qué habría de estar estresado?
A pesar de ello, el Neurólogo me dio a entender que lo más recomendable sería quedarme en el hospital para hacerme una serie de estudios y descartar cualquier otro problema.
Tres días. Una cánula en mi muñeca derecha. Cuatro bolsas de suero. Un shot de potasio. Descargas constantes de cinarizina para el tratamiento del vértigo. Unos toquecitos de paroxetina y diazepan con el fin (infructuoso) de relajarme. Tres noches seguidas soñando con antílopes siameses en Saigón (así de alucinante estaba el cocktelito). Dos duchas asistido por enfermeras distintas, que me miraban como sólo una enfermera puede ver a un paciente desnudo (esto es: como un ser completamente asexuado… ¿de veras las enfermeras con liguero sólo existen en los videos porno? Es una pena, caramba). Cuatro estudios de sangre que arrojaron resultados medianamente aceptables en glucosa y colesterol, pero alarmantes en el perfil de lípidos totales. Una serie de mensajes de texto de Hámster (no se emocionen: iniciaron con el fin de averiguar si podíamos llevar a nuestras respectivas niñas al teatro, y continuaron preguntando por mi salud casi por compromiso). Una tomografía craneal simple que sólo evidenció mi tabique nasal desviado y una imagen nodular de medio centímetro en la base del antro maxilar derecho que puede corresponder a cualquier cosa: desde un engrosamiento mucoso hasta un pólipo, pero no a un tumor. Diez días de incapacidad. Poco más de cinco mil morlacos por concepto de deducible para cubrir el seguro de gastos médicos mayores otorgado por la empresa para la que trabajo...
…Y todo ello, reducido en un simple diagnóstico chaquetero: Vértigo Postural Benigno, debido a una inflamación en el oído... o al nivel de estrés en mi vida... o al estilo sedentario que llevo... o a una cantidad de más del doble de la cifra permitida en los triglicéridos de mi organismo: ustedes escojan una, o todas al mismo tiempo (efectivamente: el neurólogo se inclinó por una mezcla de las cuatro).
Al recibir los resultados en el cuarto del hospital, miré a House con reproche.
–¿Dónde chingados está el daño neuronal, ojete? –le espeté bien ardido; el susto no me lo quitó nadie durante los tres días que estuve hospitalizado.
Él me guiñó un ojo y levantó su bastón en señal de victoria.
–La próxima vez, mejor piénsatelo dos veces antes de retarme en una carrera, amiguito: yo nunca pierdo –alcanzó a decir antes de desaparecer cojeando por la puerta abierta.
Desde entonces, no lo he vuelto a ver.
Lo peor de todo, fue el panorama del neurólogo: la recuperación sería paulatina, me advirtió. Y así fue. La primera semana no pude ver televisión durante más de una hora seguida, y las letras de los libros se comportaron como hormiguitas en movimiento ante mis ojos. Aún así, me las arreglé para acabar de leer las 700 páginas de Kafka en la orilla, de Haruki Murakami (sin contar las 20 míseras hojas de Ojos Azules, de Arturo Pérez Reverte), durante los últimos tres días de convalecencia mientras estuve recluido en la casa de mi madre, quien me trató como si fuera un hijo mejor de lo que soy…
¿Que qué me quedó de todo ello? Uy, varias cosas: la necesidad de una dieta balanceada, un mes de medicamento, una alucinación menos en mi vida, tres muñequitos de plastilina que Azomalli me mandó con su mamá (ella aún no tiene edad para entrar en los hospitales), la certeza de que puedo pasar una semana sin ver televisión, y la prueba fehaciente de que no soy eterno, de que atrás quedaron los tiempos de la santa inconsciencia juvenil, de que debo comer más frutas y verduras, de que debo bajarle a mi dosis diaria de Coca-Cola y nicotina…
…Y de que ya sólo me falta poco, realmente muy poquito, para entrar en el último tercio de mi vida. Y entonces, me dan ganas de ponerme a fumar como loco.
Pero, como siempre lo he dicho, podría ser peor.
Podría, por ejemplo, ser domador de antílopes siameses en Saigón.
A manera de epílogo:
Después de dos semanas de ausencia, regreso a mi departamento. Me espera Joaquín Sabina sentado en la sala, escuchando uno de sus discos (Mentiras Piadosas) mientras fuma un Delicado Supremo de la cajetilla que dejé sin acabar hace 15 días. Me siento a su lado y me ofrece el cigarrillo; yo lo acepto, le doy una profunda calada y me entretengo viendo las formas caprichosas que el humo que sale de mis pulmones dibuja en el aire (o, más bien, una parte del humo que sale de mis fregados pulmones). Joaquín me guiña un ojo. “Yo recomendé los infartos cerebrales porque anestesian, chaval, pero jamás sugerí que cayerais en el vórtice antes de tiempo”, me dice en tono confidencial. “Al menos ya tengo algo en común contigo", le contesto: "ahora los dos podemos presumir nuestros respectivos marichalazos”.
De sobra está decir que ambos miramos el humo en silencio, durante un buen rato.
January 26 Alármala de Tos (o “Uno-dos-tres, patada y cos”)“Me entretengo acariciando tu reflejo hasta romper el cristal;
con el tiempo no me asustas más: es un hecho normal”.
Nacha Pop
(Déjate ver ya)
"A ver: póngase flojito... y haga como que tose".
La tecnología es maravillosa. Digo, si alguien me hubiera dicho hace 20 años que todas las canciones que escuchaba en Espacio 59 (la primera estación mexicana de Amplitud Modulada, muerta hoy en día, que comenzó a incluir rock en español en su programación diaria) serían susceptibles a ser obtenidas gratuitamente “del aire”, no me hubiera roto la espalda tratando de conseguir los discos de vinilo que, ni de chiste, llegaban a México.
Pues sí: he de confesar que, cuando yo tenía 16 años, escuchaba cosas tan espantosas como Aerolíneas Federales y Viudas e Hijas de Rocke Enroll (los primeros de España y las segundas, de Argentina… ¿de dónde más podrían ser con esos nombres?). Pero también oía canciones capaces de hacer que el hámster tullido que impulsa la ruedita de mi cerebro se pusiera a correr a todo vapor. De hecho, jamás pude olvidar una de esas rolas: la interpretaba Nacha Pop y durante más de 20 años creí que se llamaba Hecho Anormal… Dios sabe cuántas tardes desperdicié en el bazar de Perinorte, intentando convencer a los tipos de los únicos tres puestos de discos del lugar, para que trajeran de importación el álbum donde viniera la sacrosanta rola. Todavía hasta hace algunos ayeres me di por vencido en las tiendas de discos, resignado a comprobar que la cancioncita jamás ha formado parte de alguna compilación NachaPopesca comercializada en la actualidad.
Bueno, también me cansé de ver la cara de los dependientes de MixUp (cuyo trato déspota te hace suponer que el título de “Vendedor de CDs” sólo se puede obtener en la Universidad de Oxford, y con maestría), los cuales invariablemente siempre me miraban con una mezcla de asco y pena ajena, cada vez que intentaba cantarles la tonadita de la rola en cuestión para ver si no conocían algún disco que la incluyera.
Hoy, más de dos décadas después y gracias a Internet (bendito invento), pude descubrir que la canción en realidad se llama Déjate ver ya, y que forma parte del disco Dibujos Animados, de 1985 (¡uh!), cuyo contenido (íntegro) descargué de un blog especializado en rock en español.
El descubrimiento de tal sitio me llevó a otro, y a otro, y a otro… y el placer que me produjo tal evento difícilmente puede ser expresado con palabras: estaba como cazador de pieles del Ártico, rodeado por millares de regordetas, peludas y tiernas foquitas bebé, listas para recibir el garrotazo final con el que iniciarían la larga transformación en abrigos de invierno Y sí: encontré todas esas canciones que ya casi había olvidado de Botellita de Jerez, Jaime López, Celeste Carballo, GIT, Bon y los Enemigos del Silencio, Océano, Rosendo, Raúl Porchetto, Un Pingüino en mi Ascensor… Lo cual fue bastante grato, considerando que la semana pasada mi auto finalmente dio todo de sí y murió en una banqueta, desangrándose inexorablemente por la falta de anticongelante (sólo por decirlo de una manera amable, y pasando por alto las fugas sobre las fugas de aceite en el motor y la transmisión automática ya tan irremediablemente fastidiada, junto con todo y su reversa).
Ante tan deplorable panorama –que abarca, por supuesto, la falta de dinero para comprar un auto nuevo– tuve que echar mano a la vieja NikooPod de 30 GB para hacer más llevadero el trayecto diario de Santa Fe hasta Chinches Bravas (léase Ticomán) en transporte público, con un nuevo repertorio de las rolitas añejas que lograron entrar en mis últimos dos gigas disponibles (el resto estaba ya ocupado por todas las temporadas de Dr. House).
En esas andaba yo, cómodamente instalado en la pétrea suavidad de un asiento en el vagón del Metro Línea 6, con dirección a Martín Carrera, cuando llegó el ansiado momento de escuchar nuevamente Déjate ver ya después de tantos años…
Y sólo la palabra “pinche” puede describir la experiencia.
No tenía ningún motivo para sentirme decepcionado: era la misma canción, el mismo grupo, la misma tonada, el mismo ritmo, pero no volví a sentir esa emoción que tenía cada vez que la escuchaba por la radio…
–Claro, idiota: porque ya no eres el mismo.
Si no fuera porque estoy acostumbrado a los ataques súbitos de mi lastimada pero hiperactiva imaginación, bien hubiera podido jalar alguna de las palanquitas rojas de emergencia que hay en el tren, o por lo menos gritar histéricamente alguna estupidez (de hecho, uno de mis sueños dorados es exclamar “¡Pepe el Toro es inocente!” en algún momento de pánico colectivo), pero me contuve. Aunque me tallé los ojos, Hugh Laurie no desapareció: estaba sentado frente a mí, observándome con sorna mientras acariciaba el mango de un bastón. Por supuesto, el saco arrugado, el cabello alborotado y los tenis Adidas no podían faltar…
El conocidísimo Dr. Gregory House me miraba fijamente. Al desocuparse un lugar a su lado, me levanté y me senté junto a él.
–¿Sigues peleado con Wilson y estás buscando otro puching-bag? –le dije, tratando de ponerme a su altura.
–Oh, no: este es un caso especial –sonrió y me miró de soslayo–. Yo nunca desperdicio la oportunidad de fastidiar a un imbécil.
–Estuve a punto de creértela, pero tú no eres una alucinación real.
–¿Una “alucinación real”? –inquirió.
–Al menos, no una de las mías.
–¿Y se puede saber cómo llegaste a tan brillante deducción?
–Porque estás hablando en español.
House me miró casi con lástima.
–Nicolás: a veces da miedo el nivel de imbecilidad que se puede encontrar en muchos de tus comentarios…
–Todos mis alucines baratos de origen gringo se expresan en su idioma original.
–Yo sé español.
–¿Ah, sí? ¿Te refieres a las versiones traducidas de Canal 5?
–No: me refiero a que yo entiendo y hablo el castellano.
–¿De veras?
–Sí: se ve en el capítulo tres de la segunda temporada…
–No me suena –le confié, después de rascarme la cabeza.
–“La Culpa”.
–¿La culpa es de quién?
–Así se llamaba el capítulo, estúpido.
–Bueno, si no te gustó el capítulo, tampoco le digas tan feo: basta con que le reclames a David Shore y ya.
–¿Nunca te han dicho que tu intento por parecer gracioso casi raya en lo patético? –preguntó con algo muy parecido al hartazgo.
–¿Qué quieres? Es mi sistema de defensa ante las alucinaciones que se sienten con el derecho de ofenderme.
–En tu caso, ofenderte no es un derecho: es un acto natural.
–¿Quieres bajarte en la siguiente estación, Doc? Es Norte 45 y está en medio de la zona industrial de Vallejo. ¿Te darían ganas de dar un paseo nocturno por estos lares, sin bastón y con la otra pierna también fastidiada?
House chasqueó la lengua y recorrió el vagón con la mirada.
–Estás envejeciendo –me susurró en actitud cómplice, como si fuera el diagnóstico acertado que todo el mundo espera al final de cada uno de sus programas.
–Cada día, un poco más –le respondí con toda la hueva del mundo–. Pero eso ya está más que comentado.
–No: me refiero a que realmente te estás sintiendo viejo. Dejando a un lado que esa basura que escuchas es capaz de deprimir a cualquiera, el simple hecho de buscar canciones de tu adolescencia es un signo típico de melancolía por el pasado. Si nos atenemos a los principios básicos del sicoanálisis, estás tratando de compensar una pérdida.
–Si así fuera, ¿cuál es la bronca? Todo el mundo busca compensar lo que va dejando en el camino, Doc…
–El punto es que no te está funcionando: ni siquiera logras sentirte bien al escuchar tu música de antes. No hay buenos recuerdos, no hay sucesión de ideas agradables, no existen salientes de las que quieras sujetarte… porque ya nunca volverás a ser la persona que fuiste antes.
–¡Wau! –exclamé con ironía–. ¿No es maravilloso lo complicada que puede ser la mente humana?
–Más de lo que crees.
–¿Y el hecho de no encontrar consuelo en las canciones que escuchaba en mi bella y tierna adolescencia, es un síntoma de depresión senil?
–En realidad, es una prueba fehaciente de que con el tiempo te vuelves imbécil –me miró y trató de imitar mi voz–: “cada día, un poco más”.
–Tampoco seas tan duro conmigo: dicen que las sinapsis se vuelven más lentas con la edad…
–Amigo, no te engañes: sólo los que se sienten viejos tienen todo el derecho de envejecer.
–Gracias por la consulta, Doc. ¿Y el tratamiento recomendado?
–Pégate un tiro. Si los síntomas continúan, háblame mañana por la tarde.
–¿No sería mejor recetarme suficiente Vicodin para una sobredosis?
–No te ilusiones: no cualquiera tiene el derecho de disfrutar a estas amiguitas.
Como era de esperarse, House hurgó en los bolsillos de su saco, extrajo el ya conocido frasquito ambarino de plástico, lo destapó y colocó dos comprimidos en la palma de su mano, presumiéndomelos. Con un solo movimiento se los llevó a la boca y echó la cabeza hacia atrás para tragárselos.
–Me pregunto si realmente eso se siente tan bien como se ve –comenté, no sin mucho escepticismo.
–Lo que tú creas o no, carece de importancia: la verdad es que se siente genial –respondió con toda la sinceridad del mundo–. Es una pena que hasta para ser adicto seas tan mediocre.
–Siempre pensé que con fumar era más que suficiente.
–Pues no: el tabaquismo es el escalafón más superficial en el mundo de las drogas. Los que fuman cigarrillos son los “loosers” de los yonkies.
Me quedé callado, porque eso de pertenecer a un sector rechazado dentro de un sector rechazado no es nada grato. House sonrió satisfactoriamente al ver que su comentario había hecho efecto.
–A ella no le gustaba que fumaras –me soltó así, sin decir “agua va”.
–¿A quién? –inquirí, llevando a la práctica una de las tres cosas que me salen bien en esta vida: hacerme totalmente pendejo.
–Sabes muy bien de quién estoy hablando.
–No, no lo sé. Según las estadísticas, te puedes estar refiriendo a cualquier persona que forme parte de las dos terceras partes de la población mundial, conformadas por individuos mayores de 15 años que no fuman.
–En este momento, sólo nos interesa un porcentaje bastante pequeño de ese universo.
–¿Te refieres a…?
–A ella, y nada más.
–¿Y ella es, por así decirlo, el centro de la entropía en la que se ha convertido mi vida actual?
–En realidad, todo esto se resume y condensa en ella.
–¿Todo?
–Todito.
–¿Hasta que mi auto haya dejado de funcionar?
–No tanto: dudo que tenga los conocimientos necesarios en mecánica automotriz para sabotear un coche.
–Nunca se sabe. Y según tú, todo el mundo miente.
–Esa es la constante –comentó con orgullo.
–Sí, lo sé: la variable es que las mentiras cambian. Pero todo el mundo miente.
Ambos guardamos silencio un rato, mientras el convoy frenaba en la estación Instituto Mexicano del Petróleo y volvía a arrancar.
–Te estás quedando solo –me dijo con seriedad–. En algún momento, vas a tener que hablar acerca de ella.
–Sí.
–Soy todo oídos.
–Estás pero si bien pendejo. Te acepto eso de que tendré que desahogarme, pero eso no significa que vaya a hacerlo ahora, ni contigo.
–¿Por qué no? –preguntó como si realmente estuviera a punto de sentirse frustrado.
–Porque lo que menos necesita un amargado es a otro amargado que le amargue aún más su amargada vida con sus amargas amarguras, por más que le parezca gracioso.
–Quedarte con tantas cosas por dentro puede ser perjudicial para tu salud, ¿no lo sabías?
–Hagamos un trato, Doc: hablaré con usted de ella en cuanto logre darme alcance en una caminata normal –le sonreí y miré cómo abría la boca para protestar, pero comencé a hablar rápidamente–. Qué-casualidad-ésta-es-mi-estación-que-le-vaya-bien-jodiendo-la-vida-de-Cuddy-Foreman-Cameron-Chase-y-los-otros-tres-nuevos-monitos-que-integran-su-equipo-y-cuyos-nombres-no-recuerdo-fue-un-placer.
Antes de darle tiempo, me paré y crucé velozmente las puertas que ya se cerraban del vagón detenido en la estación Deportivo 18 de Marzo. Mientras el metro comenzaba a avanzar de nuevo, alcancé a ver la cara atónita de House en el interior, mientras yo le decía “adiós” con la mano.
Desde entonces, constantemente escucho el tac-tac de su bastón detrás de mí, deseoso de hablar acerca de esa mujer que se volvió la entropía de mi vida.
Es una pena que cojee un poco de su pierna derecha: aún no ha logrado darme alcance.
January 07 El soundtrack… ¿de la película de mi vida?
“La liturgia de las despedidas, la bala perdida que viene por mí… la nostalgia que amarga la huida, la banda sonora de lo que viví” Sabina y Páez La canción de los (buenos) borrachos
Hace poco me llegó, por medio de una de esas ociosas cadenitas de e-mail, un juego demasiado inútil pero harto divertido: si tu vida fuera una película, ¿cuál sería el soundtrack?
El ejercicio consiste en abrir el reproductor de música que tienes en tu computadora (sin hacer distinción entre iTunes, Windows Media Player, Winamp o cualquier otro) o en tu iPod, elegir la modalidad Random, Shuffle o Reproducción Aleatoria y ponerle Play… e ir anotando en cada parte enumerada de tu supuesta película la canción que se está tocando, una detrás de otra y sin saltarlas, aunque la que el sistema de reproducción elija al azar no sea de tu completo agrado.
Obviamente, existe el riesgo de que te salgan cosas extrañas y bizarras, pero como sea, me pareció una buena idea para alejar uno que otro connato de melancolía… aunque hubo algunos resultados bastante literales que hasta dan miedo.
En fin: que lo que sigue es lo que me salió como el soundtrack de mi vida (en favor a la poca integridad que me queda, he de señalar que ni drogado compraría el CD en MixUp).
1. Créditos iniciales El Abrazo del Erizo Mikel Erentxun (Ambiente descreído desde el comienzo)
2. Al despertar Janie’s Got a Gun Aerosmith (Fuera de que parece más adecuada para el amanecer de un asesino en serie, la tonadita es ideal para levantarse de la cama con toda la flojera del mundo)
3. Primer día de clases Like a Rolling Stone Bob Dylan (¡N’ombre, ni mandada a hacer!)
4. El personaje principal conoce a su mejor amigo(a) Mariposa Tecknicolor Fito Páez (Puede ser, puede ser...)
5. El protagonista se enamora La Tierra del Amor Duncan Dhu (A pesar del título, la letra trata de rompimiento con aire medieval y ritmo de folk: amor con tono de desamor, para variar)
6. La primera borrachera La canción más hermosa del mundo Joaquín Sabina (¿Qué no se supone que la primera jarra debe ser un verdadero desmadre? Maquillaje, por favor)
7. La persona que le gusta batea al protagonista Get in Line Barenaked Ladies (“I try to be cool and give her space / but a guys always there ready to jump right up and take my place / Everyone in this room seems to want to make a big fool out of me”… no hay más que decir)
8. Plano-secuencia erótico (mejor conocido vulgarmente como "faje") Sólo tú (Mi forma de sentir) La Revolución de Emiliano Zapata (¡Ay, mi vido: qué tierno!)
9. Escena de cama Te amo Lazcano Malo (Pudo ser peor… pudo haber salido alguna rola de onda grupera o pasito duranguense)
10. Caminando por la ciudad Santa Lucía Miguel Ríos (Sí, claro, señor Director… ¿no quiere también un atardecer anaranjado?)
11. Noche de graduación Doble vida Joaquín Sabina (Pseudo-movidona, pero trata sobre un matrimonio de infieles... y considerando que fui con Hámster y que nos la pasamos sentados porque nunca quiso bailar, da lo mismo)
12. Día de campo Laid James (¿Se imaginan pedir un sándwich y el termo con agüita de jamaica con esa tonada?)
13. Decepción amorosa El son del Dolor La Cuca (De plano, no pudo salir algo menos obvio)
14. Dando por terminada la relación Courage The Cowardly Dog They Might be Giants (Necesito hablar con el guionista de esta película: ¿cómo que un cortón a ritmo de Cartoon Network?)
15. Depresión (solo en el bar) Distante Instante Rodrigo González (“Si volviera el amor / si tuviera un hermano, un amigo, un sueño en la mano / moriría este dolor / de buscar el calor / en el cruel laberinto de este vaso de alcohol… / de estas calles sin sol”… ¡ouch!)
16. Primer día de vida adulta It’s My Life Bon Jovi (¿Así o más fresa el asunto?)
17. Problemas con la ley Daría La 5ª Estación (Casi hasta pude escuchar el sonido de la reja cerrándose tras de mí)
18. Un día común en el trabajo I Still Haven’t Found what I’m Looking for U2 (Ni hablar, hermanos: profesión equivocada)
19. Persecución por la ciudad Creep Radiohead (Es que la fuga fue en triciclo…)
20. Pelea contra el antagonista No Milk Today Herman’s Hermits (… y el productor decidió que el duelo sería arrojándonos tetra-bricks de leche Alpura)
21. Reconciliación amorosa Hojas Secas (en directo) Miguel Bosé (Hasta el momento, la escena más bonita pero mortalmente cursi de la película)
22. De vacaciones Bolero falaz Los Aterciopelados (Seguramente fueron vacaciones de pisa y corre…)
23. Al volante Brown Eyed Girl Van Morrison (Es una verdadera pena: parece que la película de mi vida la está dirigiendo Sam Raimi)
24. Flashback (escena de recuerdo) Céu Da Mouraria Madredeus (Pura guitarrita, ideal para darle el efecto adecuado a la remembranza)
25. Enfermedad Cuando aprieta el frío Joaquín Sabina (“Cuando de ella y de mí / queden sólo estos versos / los hoteles que un día quisimos compartir”… ¿se trataba de ese tipo de enfermedad?)
26. Encuentro con el verdadero amor Atado a un sentimiento Miguel Mateos (¿Dónde diablos está Sabina cuando realmente se le necesita?)
27. Matrimonio Sin aliento Danza Invisible (Cosa curiosa: durante dos años pensé que esas dos palabritas simbolizaban a la perfección la vida de casado)
28. Nacimiento del primer hijo I Got You Babe Sonny and Cher (¡Ja ja ja!)
29. Conflicto interno The Wall Pink Floyd (¡Efectos Especiales, por favor!)
30. Batalla final Nos sobran los motivos Joaquín Sabina (“Este ciego no mira para atrás”, ¡ésa es la actitud, chingao!)
31. Momento de sacrificio personal (salvando al mundo) Los Dientes Apretados Andrés Calamaro (“Dicen que todo puede acabar / como un cuento que terminó mal”)
32. Escena de muerte La Carretera Hombres G (Si alguien aún se pregunta por qué el protagonista tenía que morir, la respuesta salta a la vista: por tener este tipo de canciones en su iPod)
33. Canción de fondo durante el funeral If I Had $1,000,000 Barenaked Ladies (Imagínense la escena: mucamas francesas repartiendo vasos con Choco-Milk espumoso entre los dolientes y usando el ataúd como barra... ¡Buñuel estaría orgulloso!)
34. Créditos finales You Might Think I’m Crazy Cars (Ahora sólo falta contactar a Pixar para que haga la animación correspondiente)
35. Bloopers (equivocaciones durante la filmación) You ain’t seen Nothing Yet Figures on a Bech (Obviamente, se trata de la versión remix de seis minutos, porque hubo muchísimas equivocaciones a lo largo de la filmación… y las que faltan todavía)
December 12 Estas ganas de nada... menos de ti “Ya nadie distingue
si las manchas de mi ropa
son de sangre o de carmín”.
Ismael Serrano
(Buscándote)
¿Alguna vez te has puesto a pensar en todos los inconvenientes que implica el simple hecho de sentir en exceso? ¿No? Pues deberías, porque tomarte las cosas tan a pecho es la mejor manera de garantizar la presencia de interminables broncas en tu vida.
De hecho, ser sensible no sólo te hace susceptible a experimentar –de forma gratuita y por demás incómoda– un sinnúmero de reacciones idiotas, como soltar la lágrima fácil en el momento más inoportuno, sino que también te hace acreedor a vivir con el eterno riesgo de que tus grandes alegrías se conviertan en profundas tristezas a la usuanza de Dr. Jekill y Mr. Hyde... así, de un tirón: como un bajón de droga dura, supongo. Y digo “supongo” porque yo, con mi personalidad aburrida de nerd, jamás he consumido una droga dura: a lo más que llegué fue a fumar cierta hierba verde y apestosa que sólo me sirvió para malvibrarme y convencerme de que ser yonkie no era lo mío.
Sale, uno se pone triste de repente… es algo que le pasa a todo el mundo. Pero el problema surge cuando la tristeza, que es una pésima amante, se va a la cama contigo y te hace dar vueltas toda la noche. Como resultado, no duermes. Y como no duermes, a la mañana siguiente te levantas tarde. Y como te levantas tarde, te metes a bañar de volada. Y como te metes a bañar de volada, no dejas que el calentador del agua se ponga a punto. Y como el calentador del agua no se pone a punto, el revitalizante rito de asearte todo el cuerpecito se convierte en una tortura china cuando se te acaba el agua caliente a mitad de la enjabonada. Y como se te acaba el agua caliente a mitad de la enjabonada, terminas de bañarte como puedes. Y como terminas de bañarte como puedes, te rasuras como Dios te da a entender. Y como te rasuras como Dios te da a entender (de todos es sabido que esa deidad se da a entender como se le pega la gana y de formas misteriosas), invariablemente te cortas. Y como invariablemente te cortas al rasurarte, pierdes valiosos minutos al intentar detener la pequeña hemorragia que se instala cómodamente bajo tu barbilla. Y como pierdes valiosos minutos, se te hace todavía más tarde. Y como se te hace todavía más tarde, te sales sin desayunar y te enfrascas en un tráfico inusual… (perdón por la licencia literaria, porque en una ciudad como ésta, el tráfico inusual ya es algo bastante usual). Y como te enfrascas en el inusual tráfico ya bastante usual del Distrito Federal, no tienes otra cosa qué hacer más que alucinar barato a medio camino (para ser precisos, sobre avenida Aquiles Serdán, que en ese momento está convertida en el estacionamiento más largo de la zona).
“…y tal vez no tengamos más noches,
y tal vez no seas tú, y tal vez no seas tú
la mujer de mi vida”
De manera automática reconozco ese tono, moldeado por el humo de incontables Ducados ya fumados y el ardor de miles de vasos de whisky dejados caer –con motivo y sin motivo– en la garganta de la que proviene. Volteo y miro al meritito Joaquín Sabina sentado a mi lado, tarareando Y si amanece por fin. Lleva bombín negro, lentes oscuros y las mismas alitas negras con las que salió en la portada del disco 19 Días y 500 Noches.
–¿Qué hay, tío? –me saluda y sigue tarareando.
“El tiempo es un microbús
que sólo cruza una vez esta breve y absurda comedia…
y yo no soy Mickey Rourke, ni tú Kim Bassinger…
ni tengo nueve semanas y media”
–Vaya –comento sin hacerme demasiadas ilusiones: después de todo, se trata de una alucinación más–. Te pediría un autógrafo; lástima que no eres real.
Sabina enciende un cigarro (Ducados, por supuesto) y me arroja el humo a la cara.
–Que te den por el culo –comenta como si nada, y sigue tarareando mientras pienso que sería un excelente Sabina en la vida real.
“Anda, deja que te desabroche un botón,
que se come con piel la manzana prohibida”.
–¿No se te ocurrió una canción menos llegadora para este momento? –le digo con afán de molestarlo.
–Si queréis, os puedo interpretar Devuélveme a mi chica. O Suéltate el pelo. De todas formas, tenéis casi todas las canciones de esos tíos en el ipod.
Punto para Sabina.
–No sabía que te pudieras encelar por mis gustos culposos.
–¡Joder! Esos no son “gustos culposos”: son verdaderas joterías.
Joaquín urga en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero negro y extrae una anforita de aluminio. La destapa y me ofrece. Yo niego con la cabeza mientras piso el acelerador para rebasar un tráiler de doble caja sobre calzada Legaria. Él se encoje de hombros y da un largo trago.
–Sois un gilipollas –dice casi con desprecio.
–Qué perceptivo –le contesto, dándole la razón.
–Mira que enamorarte a la primera…
–No estoy enamorado –le digo, no muy seguro de mí mismo.
–Das pena, chaval.
–No-estoy-enamorado –recalco.
–¿A quién queréis engañar? Mírate. Estáis hecho un manojo de nervios. Y ni la conocéis bien.
–No.
–Ni siquiera sabéis a ciencia cierta si le gustáis en serio.
–Tampoco.
–Es más: ignoráis por completo todo acerca de ella.
–No, no todo.
–Olé: entonces hay algo que yo no sé.
Me quedo callado. Intento encontrar algún hueco entre los autos para avanzar por Palmas, pero es casi imposible. Sabina chasquea la lengua y vuelve a canturrear.
“Me falta una mujer, me sobran seis tequilas…
No ver para querer…
Malditas sean la pilas
que me hacen trasnochar,
echándonos de menos, echándome de más…”
Se detiene de pronto y me mira con curiosidad.
–¿Cómo le hacéis? –pregunta.
–¿Cómo le hago para qué?
–Para creer que podéis sentir algo por una mujer bajo esas condiciones tan deplorables.
El tipo es bueno. Demasiado bueno. Comienzo a preguntarme si en realidad no se tratará del verdadero Sabina.
–¿Tan deplorables? –pregunto, aunque no esté ciertamente sorprendido por el término utilizado.
–No lleváis ni tres semanas de encontrarla.
–No-estoy-enamorado –recalco de nuevo, tratando de sonar un poco más convincente.
–Seguro. Y de seguro Zapatero nos saca de la OTAN.
–¿Tú nunca te enamoraste de una mujer luego-luego?
–¡Coño! Yo compongo, joder: necesito enamorarme a cada rato. De eso vivo. ¿Pero tú? ¿No habéis pensado que sería un pelín más fácil optar por el amor de alquiler?
Suelto la carcajada.
–¿Crees que por pagarle a una mujer no me va a acarrear problemas?
–No, que esos siempre los habrá, vive Dios. Pero por lo menos, ahí las reglas dictan: “cero sentimientos”.
–Entonces, no es opción para mí –le replico intentando aparentar un poco de serenidad.
–Sí, sí: váis a salir con el rollito de siempre. Vale: digamos que te creo la gilipollez esa de que tú haces el amor y no follas –suspira resignado–. Pero eso sólo demuestra que estáis más jodido de lo que ambos pensamos.
Sabina me mira con su sonrisa manchada de nicotina.
–¿No te gustaría salir a tomar un poco de aire fresco, ahorita que vamos sobre Puerta Santa Fe? –le pregunto ya totalmente fuera de mis casillas–. Steve McQueen lo hizo la vez pasada; ¿vieras? Se divirtió de lo lindo...
–¡Ná! –chasquea la lengua–. A mí me faltan dos cosas para ser como Steve. Y me sobra demasiada mala leche, majín. Te jodes.
Llegamos al estacionamiento de Santa Fe y Joaquín me sigue, canturreando a mis espaldas, incluso cuando llego a mi cubículo…
“¿Quién dijo que hoy es múltiplo de antes
y el ego un envidioso malcriado?
¿Qué maldición separa a los amantes
que no se han olvidado”
Lo peor aún estaba por venir: mi computadora prácticamente muere por un infame ataque viral y permanezco desconectado todo el día. Una llamada por teléfono tardía sólo confirma lo que ya se sabía de antemano: que mis bloques no embonan con sus huecos… pero no puedo olvidar el olor de su piel.
Si supiera: una sola noche, y se volvió inolvidable.
(Habría que condenar a las mujeres que poseen esa diabólica capacidad, y acusarlas de brujería).
Todavía hoy, dos días después, Sabina está conmigo, sentado en un rincón de mi cerebro, sin dejar de fumar sus Ducados y mirándome divertido, el muy hijodeputa. Supongo que está esperando el desenlace, porque cree que habrá uno. Pobre. Incluso los buenos poetas, como él, a veces ignoran que algunas historias tienen finales tan tristes, que nadie puede empezarlas siquiera.
(Pensándolo bien, creo que ya recuerdo por qué había decidido no volver a enamorarme).
Ahora sólo necesito averiguar cómo diablos le hago para borrar algunas cosas: desde el taller que nunca visité y el tono miel de sus ojos, hasta el reflejo de la luz de una vela sobre su rostro, muy cerquita del mío, y el tintilineo de su risa, capaz de hacerme sentir cosquillas en el estómago (oh, sí: me demostró que aún puedo sentir cosquillas en el estómago).
…sin olvidar, por supuesto, el bendito (¿maldito?) olor de su piel.
A manera de epílogo:
Aquel campamento de refugiadas se encuentra ahora sumido en el silencio. Joaquín Sabina, vestido de guardia, sale de la garita, tarareando alegremente al ritmo de Pastillas para no soñar. Le da una larga calada a lo que queda de un Ducados, lo arroja en el suelo y lo pisa sin misericordia, para después colocar un letrero de madera vieja en la puerta de entrada: “No hay vacantes”.
October 24 Asústame, panteón ( o 35 frases más con las últimas –e inútiles– palabras de personajes célebres… y otros no tanto)“La muerte, que es celosa (y es mujer),
se encaprichó con él…
y lo llevó a dormir siempre con ella”.
J. Sabina y F. Páez
(Flores en su entierro)
Lo confieso: últimamente he estado leyendo mucho acerca de serial killers y muertes de gente famosa (Dios: hasta me aventé completito el reporte sobre la investigación de la muerte de Lady Di, para pena propia y ajena).
Debido a que uno de los principales síntomas de los asesinos de masas es demostrar un creciente interés hacia la muerte, yo, con lo preocupón que soy, estuve tentado a ir con un sicólogo para que me recetara 139 lexatins al día y me internara en alguna institución mental, con el fin de evitar que entrara con una escopeta recortada en la oficina para matar indiscriminadamente a algunas de las más de 120 lindas personitas con las que comparto cubículos en el primer piso de cierto edificio ubicado en Santa Fe.
De hecho, estaba arreglando mi maleta con dos camisas de fuerza y una sola muda de ropa interior (¿qué caso tiene estar loco si tienes que cambiarte los calzones cada día, digo yo?) cuando la vocecita de la Malli (tremendamente aguda para mi gusto, pero ella no tiene la culpa, lo reconozco) me regresó a la realidad cual vil epifanía de serie animada en Cartoon Network: “El próximo fin de semana que me quede contigo me vas a llevar a pedir calaverita, ¿veerdaaaaaad?”.
Calaverita. Claro, ¿por qué no? Entonces, comprendí que era de esperarse ese extraño, repentino y –para fortuna de mis compañeros de trabajo– totalmente inofensivo comportamiento de mi parte durante esta temporada: no es que me vaya a volver asesino serial; simplemente, se acerca el Día de Muertos.
La víspera de todos los santos, mis chavos; el pretexto excelente para (por lo menos en mi caso) añorar a la muerte: esa dama que a todos nos espera, que a muchos les da no miedo sino auténtico pavor, y que nadie conoce, porque los que tienen la oportunidad de verla no regresan jamás. Los únicos dos días del año en el que, según varias creencias prehispánicas, los muertos regresan del Mictlán, el Reino de los Muertos, para visitar a los seres queridos que aún viven en este plano de la existencia.
Pero no voy a dormirlos con el rollo del pan de muerto, ni las ofrendas, ni Mixquic, ni alguna otra cosa por el estilo. Ni tampoco de mis muertos, que no son muchos. Ni de que le tengo miedo a la huesuda, porque no es verdad, aunque sea lo definitivo, lo que no tiene marcha atrás, como mi coche y su fastidiada transmisión, a la que no le entra la reversa.
Así que no hay de qué alarmarse: simplemente, siguiendo con la tradición de este blogero rincón, olvidado por Darwin y regido por las caóticas leyes de la disonancia cognitivia, quiero compartir con ustedes otras frasecillas que contienen las últimas palabras de algunas personalidades célebres.
Sea. Feliz día de Muertos, Halloween, Noche de Brujas, o como quieran festejarlo o llamarle. Da igual…
A la muerte no creo que le importe, de todos modos.
1. “Al otro lado del río, entre los árboles”
Thomas Jonathan "Stonewall" Jackson (1824-1863), general confederado durante la guerra civil estadounidense que fue herido accidentalmente por sus propias tropas y murió de complicaciones derivadas de un brazo amputado y neumonía varios días después. Lo que quería decir ha sido motivo de muchas discusiones. Para los que le acompañaban en aquel momento, se trataba del lugar dónde deseaba ser enterrado, y así lo hicieron.
2. “A moi, ma chère amie!” (¡A mí, mi querida amiga!)
Jean Paul Marat, científico, médico y activista político durante la Revolución Francesa. La historia cuenta que tenía una enfermedad en la piel, y lo único que le aliviaba las molestias eran los baños calientes, por eso se pasaba gran parte del día en la bañera, escribiendo. En esas andaba el 13 de julio de 1793 cuando una mujer que afirmaba ser una mensajera solicitó entrar en su cuarto, pero en realidad se trataba de una joven aristócrata, Charlotte Corday, quien sacó un cuchillo comprado minutos antes en una tienda, al otro lado de la calle, y le apuñaló en el pecho (por cierto, fue guillotinada cuatro días después).
3. “Arderé, pero eso no es sino un hecho. Seguiremos discutiendo en la eternidad”
Miguel Servet, teólogo y científico aragonés, a sus jueces en Ginebra, después de ser juzgado por hereje (por su negación de la Trinidad y su defensa del bautismo a la edad adulta), y tras ser condenado a morir en la hoguera el 26 de octubre de 1553.
4. “¡Carajo, un balazo!”
Antonio José de Sucre (también conocido como el Gran Mariscal de Ayacucho), político, estadista y militar venezolano, prócer de la independencia así como presidente de Bolivia y Perú. Dicen que eso fue lo que exclamó tras recibir un disparo mientras cabalgaba en la jungla de Colombia, el 4 de junio de 1830 (se decía que era un caballero educado que nunca había maldecido… hasta ese día).
5. “¡Das ist absurd!” (¡Esto es absurdo!)
Sigismund Schlomo Freud (mejor conocido simplemente como Sigmund Freud, que no Froy), médico, neurólogo, librepensador y fumador austriaco, creador del psicoanálisis. Falleció en 1939 a causa de una sobredosis de morfina inyectada por un amigo a petición de él mismo, que no podía soportar los dolores producidos por el cáncer que sufría en la boca.
6. “Déjenme morir tranquilo; no voy a vivir mucho tiempo”
George Washington, primer Presidente de los Estados Unidos y Comandante en jefe del Ejército Continental de las fuerzas revolucionarias en la Guerra de la Independencia. Murió el 14 de diciembre de 1799 tras la aplicación de sangrías. Para mayores referencias (y por si acaso eres un orgulloso iletrado), de él es la carita que aparece en los billetes de un dólar.
7. “¡Dispárame en el pecho!”
Benito Amilcare Andrea Mussolini, dictador italiano y aliado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. En abril de 1945 trató de escapar a Suiza, donde fue capturado y ejecutado cerca de lago de Como por partisanos comunistas. Su cuerpo fue llevado a Milán, donde lo colgaron cabeza abajo en una gasolinera del Piazzale Loreto para confirmar públicamente su muerte, y como gesto de humillación y venganza.
8. “El dinero no puede comprar la vida”
Robert Nesta Marley, mejor conocido como Bob Marley, músico jamaiquino y gran impulsor del movimiento Rastafari (murió de cáncer en un hospital de Miami el 11 de mayo de 1981, a los 36 años de edad… y miles de extensos porritos después).
9. “Es ist gar nichts, es ist gar nichts...” (No es nada, no es nada...)
Francisco Fernando, archiduque de Austria y heredero al trono austrohúngaro, cuyo asesinato en Sarajevo en 1914 precipitó la declaración de guerra de Austria contra Serbia que desencadenó la Primera Guerra Mundial (el archiduque perdió la consciencia después de que le dispararan, y murió casi inmediatamente después de recuperarla).
10. “¡Hey, Rama!” (Oh, Dios)
Mohandas Karamchand , mejor conocido como Mahatma Gandhi, momentos antes de caer al suelo después de recibir tres balazos por parte de Nathuram Godse, un radical hindú, a los 78 años de edad.
11. “¿Kai su, teknon?” (¿También tú, hijo mío?)
Gaius Iulius Caesar, mejor conocido como Julio César, líder militar y político de la etapa final de la República de Roma. En marzo del 44 a.C., varios conspiradores le tendieron una emboscada en el senado, incluido Marco Junio Bruto, uno de sus seguidores más cercanos, a quien le dirigió esta frase. Al menos 60 senadores participaron en el magnicidio y Julio César recibió 23 puñaladas. Según el historiador Suetonio, César no dijo nada mientras moría, pero otros autores le atribuyen esas palabras en griego (la traducción latina “¿Tu quoqüe, fili?” es apócrifa; la otra versión más conocida, “¿Et tu, Brute?”, se debe a Shakespeare).
12. “No llores, necesito de todo mi coraje para morir a los veinte años”
Evariste Galois, matemático francés, a su hermano Alfred, luego de batirse en duelo por un lío de faldas y poco antes de morir al día siguiente (31 de mayo de 1832). Para quien no sepa quién fue, Galois determinó la condición necesaria y suficiente para que un polinomio sea resuelto por radicales, dando una solución a un problema que había permanecido insoluble durante muchos años. Su trabajo ofreció las bases fundamentales para la teoría que lleva su nombre, una rama principal del álgebra abstracta (si lo sabré yo…).
13. “No más”
Fryderyk Franciszek Chopin, mejor conocido solamente como Chopin, tras una larga agonía provocada por una tuberculosis que finalmente le arrebató la vida el 17 de octubre de 1849, a las dos de la madrugada, en París. Es considerado uno de los más grandes compositores polacos, y también uno de los más importantes pianistas de la historia.
14. “No sé, es la primera vez que me ejecutan”
Maximiliano de Habsburgo (cuyo verdadero nombre era Ferdinand Maximilian Joseph von Habsburg-Lothringen), emperador de México, como respuesta a otro condenado que le preguntó si un movimiento realizado por el pelotón de fusilamiento era la señal para ejecutarlos allá, en el Cerro de las Campanas, el 19 de junio de 1867. Eso dicen algunos historiadores, lo cual sería genial que hubiera sido verdad. Sin embargo, la versión oficial dicta que Maximiliano, segundos antes de recibir las descargas del pelotón de fusilamiento, proclamó: “¡Mexicanos! Muero por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Ojalá que mi sangre ponga fin para siempre a las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!” (trompetilla antiburguesa). Asimismo, se dice que pagó a cada uno de los integrantes del pelotón una moneda de oro para que no le disparasen en el rostro, con el fin de que pudiera ser reconocido por su madre (eso sí me lo creo, para que vean).
15. “Please, don't leave me” (Por favor, no me dejes)
Chris Farley, comediante y actor estadounidense miembro del reparto del programa de variedades Saturday Night Live. Fue todo lo que alcanzó a exclamarle a una prostituta en el momento en que ella salía de su habitación, después de todo un fin de semana de sexo y drogas, el 18 de diciembre de 1997 en Chicago. Cuando ella se dio vuelta, Farley ya había colapsado. Murió feliz y cansadito, por lo menos…
16. “¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!”
Menéndez Pelayo (1856-1912), polígrafo y erudito español. No hay más que decir.
17. “Todas mis posesiones por un momento de tiempo”
Isabel I (también conocida como "La Reina Virgen"), reina de Inglaterra, la quinta y última monarca de la dinastía Tudor, tras caer enferma de debilidad e insomnio. Murió el 24 de marzo de 1603 en el palacio de Richmond, a los 69 años de edad.
18. “Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡porque vuestros hijos sean mejores que vosotros!”
Ramiro de Maeztu, destacado escritor español perteneciente a la Generación del 98, detenido por fuerzas republicanas al inicio de la Guerra Civil Española y encerrado en la madrileña cárcel de Ventas. Murió fusilado en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936.
19. “Tocad aquel último compás, muy suavemente”
Anna Pávlovna Pávlova (1881-1931), famosa bailarina de ballet rusa de inicios del siglo XX. Su número más famoso fue la Muerte del Cisne, coreografiado para ella por Michel Fokine, con música de Le Cygne del Carnaval de los animales (1887), del compositor francés Camille Saint-Saëns. Falleció de pleuresía en La Haya, Países Bajos, pocos días antes de cumplir 50 años, mientras estaba de gira. Su último deseo fue, precisamente, que se le pusiese su traje para la Muerte del Cisne.
20. “Diles que mi vida fue maravillosa”
Ludwig Josef Johann Wittgenstein (1889-1951), filósofo austriaco súbdito del Imperio Austro-Húngaro, luego nacionalizado como británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena (movimiento, por cierto, del que nunca se consideró miembro). Murió en Cambridge tras negarse a recibir tratamiento médico contra el cáncer que sufría, cerca de Elizabeth Anscombe, su discípula directa, quien se encargó de que recibiera los auxilios de la Iglesia.
21. “I die being the King's good servant, but God's first” (Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios)
Sir Thomas More, escritor, político y humanista inglés, canciller de Enrique VIII, de quien se enemistó cuando no aprobó que el rey se divorciara de su esposa Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena. Tras ser acusado de alta traición y condenado a muerte, se dice que More mantuvo hasta el final su sentido del humor, confiando plenamente en el Dios misericordioso que le recibiría al cruzar el umbral de la muerte. Mientras subía al cadalso se dirigió al verdugo en estos términos: “¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo”. Luego, al arrodillarse dijo: “Fíjese que mi barba ha crecido en la cárcel; es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por lo tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte”. Finalmente, ya apartando su ironía, se dirigió a los presentes con la primera frase, más conocida por la mayoría de los historiadores.
22. “Lo quisimos todo, y lo conseguimos, ¿no es verdad?”
Marie Magdalene Dietrich, llamada Marlene Dietrich, actriz y cantante alemana que adoptó la nacionalidad estadounidense, considerada como uno de los mitos del Séptimo Arte. Esto fue lo que le dijo, justo antes de morir tranquilamente, a un amigo que la acompañaba en el dormitorio de su lujosa vivienda en París, el 6 de mayo de 1992, a los 90 años de edad.
23. “…”
Albert Einsten, Premio Nobel de Física en 1921 y, quizá, el científico más famoso del siglo XX (nacido en Alemania y nacionalizado en Estados Unidos). Nunca se sabrá realmente cuáles fueron sus últimas palabras porque, cuando se encontraba en su lecho de muerte en Princeton, Nueva Jersey, segundos antes de morir dijo algo en alemán que la enfermera que lo cuidaba en esos momentos, la estadounidense Alberta Roszel, no pudo entender. Lo cierto es que, durante sus últimos años, Einstein trabajó por integrar en una misma teoría las cuatro Fuerzas Fundamentales (nuclear fuerte, nuclear débil, electromagnética y gravitatoria); tras fallecer, en su pizarra estaban las ecuaciones aun sin concluir para integrar dichas fuerzas… tarea aún inconclusa en nuestros días (¿alguien se avienta?).
24. “Pardonnez-moi, monsieur” (Discúlpeme, señor)
María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, más conocida bajo el nombre de María Antonieta, princesa real de Hungría y de Bohemia, archiduquesa de Austria… ¡ah, sí! y reina consorte de Francia por su matrimonio con Luis XVI. Acusada de alta traición por el tribunal revolucionario y condenada a la pena capital, éstas fueron sus últimas palabras tras tropezarse al momento de subir al cadalso y pisar sin querer al verdugo que estaba a punto de guillotinarla, mientras el pueblo entero la abucheaba e insultaba. Sin embargo, días antes de su muerte (después de que su marido fuera ejecutado y sus hijos arrancados de su lado), se dice que María Antonieta se golpeó la cabeza contra una viga del techo de su prisión, haciéndose una herida que no paraba de sangrar. La todavía reina no se quejó. Cuando uno de sus guardias le preguntó si se había hecho daño, ella contestó: “No, ahora ya no hay nada que pueda hacérmelo”.
25. “No es momento para hacerse de nuevos enemigos”
François Marie Arouet, más conocido como Voltaire, escritor y filósofo francés que figura como uno de los principales representantes de la Ilustración, un período que enfatizó el poder de la razón humana, de la ciencia y el respeto hacia la humanidad. Según cuentan, esto es lo que exclamó cuando, en su lecho de muerte, el sacerdote le pidió que abjurase del diablo (nada difícil de creer, considerando que fue un ferviente opositor de la Iglesia católica, símbolo según él de la intolerancia y de la injusticia, por lo que pasaría a la historia por proporcionar el concepto de tolerancia religiosa).
26. “They couldn't hit an elephant as this dist...” (No podrían acertar a un elefante a esta dist…)
John B. Sedgwick, militar que llegó a general del Ejército Federal de los Estados Unidos de América durante su guerra civil, casi antes de caer abatido como consecuencia de un certero disparo bajo su ojo izquierdo por parte de un hábil francotirador confederado, situado a más de 900 metros de él, en la Batalla de la Espesura o de Spotsylvania.
27. “No me encontrarán vivo al amanecer”
Nostradamus (cuyo verdadero nombre fue Michel de Nôtre-Dame), médico y consultor astrológico francés, considerado uno de los más renombrados autores de profecías y eventos futuros. Esto fue lo que le dijo a su secretaría Jean de Chavigny la tarde del 1 de julio de 1566. Al día siguiente fue encontrado muerto al lado de su cama.
28. “Yeah”
John Winston Lennon, más conocido como John Lennon, contestándole a uno de los agentes de policía que lo llevaban en su patrulla hacia el hospital, cuando éste le preguntó si en verdad era Lennon, después de que recibiera cuatro disparos por parte de Mark David Chapman en la entrada del edificio Dakota, en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980. Sin embargo, otras fuentes aseguran que lo último que dijo fue: “Me han disparado, me han disparado”, mientras se acercaba a los escalones de acceso del edificio Dakota, tras el ataque (exacto: la zorra de Yoko Ono de seguro ya se había echado a correr). Otros señalan que al llegar los primeros agentes a la escena del crimen, se acercaron a él y creyeron reconocerlo, pero sin dar crédito le preguntaron quién era. Él respondió: “Soy Lennon, John Lennon, de los Beatles”, a pesar de que el grupo se había desintegrado hacía más de 10 años, y de su conocido resentimiento hacia los demás integrantes de la agrupación que él mismo fundó.
29. “Demasiado tarde, demasiado tarde”
Ludwig van Beethoven, compositor y pianista alemán, postrado en su cama después de pasar dos días en coma, refiriéndose al vino del Rin que habían mandado traer con la intención de mejorar su salud, y que llegó después de mucho esperar el encargo. Es de la creencia popular que sus últimas palabras fueron: “Comoedia finita est” (La comedia ha terminado), pero la verdad es que dijo esto el 24 de marzo de 1827 (dos días antes de fallecer) frente a todos sus amigos –Schubert incluido–, antes de firmar su testamento y quedar inconsciente.
30. “Bésame el culo. Nunca encontrarán a los demás”
John Wayne Gacy, uno de los asesinos en serie estadounidenses más famosos, a un guardia de prisión mientras era trasladado a la cámara de ejecución, refiriéndose a los cuerpos que no fueron hallados de sus 33 víctimas conocidas. Falleció el 10 de mayo de 1994, después de que le fuera aplicada una inyección letal en la penitenciaría Stateville en Crest Hill, Illinois.
31. “A veces, me odio a mí mismo”
Alesteir Crowley (1875-1947), novelista y ocultista inglés, autonombrado “El hombre más malvado del mundo” (¡uy!). En realidad, no sería tan famoso si no hubiera aparecido en la portada del octavo disco de los Beatles, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.
32. “He vivido como filósofo, y muero como cristiano”
Giacomo Girolamo Casanova, famoso aventurero veneciano. Se le conoció sobre todo como un hombre famoso por sus conquistas amorosas, que llegaron a ser 132. Murió en 1798, a los 73 años de edad, y con sus memorias inconclusas, pues le quedaron 27 años por contar. Dejó escrito en sus últimas frases: “Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida, sea bueno o malo, lo he hecho libremente, soy un hombre libre”.
33. “It was a great game” (Fue un grandioso juego)
Harry Lillis "Bing" Crosby, cantante y actor estadounidense, considerado como uno de los actores musicales más populares de la historia, y actualmente la voz humana más grabada electrónicamente (muérete de envidia, Sinatra). Aficionado al golf, el 14 de octubre de 1977 practicaba este deporte en un campo cercano a Madrid, España, cuando al final dijo esta frase y se dirigió caminando hacia la casa club, pero colapsó a mitad de camino y murió.
34. “Voy a afilar el hacha antes de ponerla arriba, querida”
El poeta, pintor, ensayista y dramaturgo estadounidense, Edward Estlin Cummings, típicamente abreviado e. e. cummings (así, en minúsculas: aunque él no lo aprobaba, sus editores frecuentemente escribían así su nombre, quesque para representar su sintaxis inusual… ¡vooooy!), conocido por sus poemas que rompen con toda estructura, incluyendo usos poco ortodoxos de las mayúsculas y la puntuación, en la que los puntos y comas podían incluso llegar a interrumpir oraciones y hasta palabras (muchos de sus poemas también están escritos sin respeto a los renglones y los párrafos y algunos no parecen tener pies ni cabeza hasta que no son leídos en voz alta). El caso es que Cummings murió a causa de un derrame cerebral a la edad de 67 años, mientras trabajaba en su granja de New Hampshire. John Cheevers, su gran amigo, asegura que éstas fueron sus últimas palabras después de que Marion, su esposa, le preguntara si no hacía demasiado calor como para que estuviera cortando madera. Vivo ejemplo de que alguien de palabra brillante en vida no se salva de decir algo inocuo al final.
35. “No olvide mostrar mi cabeza al pueblo: vale la pena verla”
Georges Jacques Danton, abogado y político francés que desempeñó un papel determinante durante la Revolución francesa, dándole instrucciones a su verdugo. Tras ser sometido a juicio por el Tribunal Revolucionario, Danton perdió primero su reputación y después su vida: murió en la guillotina el 5 de abril de 1794. Cuando el jurado que lo condenó solicitó su réplica formal, Danton comenzó diciendo: “Mi dirección pronto será la aniquilación. En cuanto a mi nombre, se encuentra en el panteón de la historia”.
September 12 35 estupendas razones más para seguir siendo un fiel seguidor de la doctrina Housesiana"Sólo ha pasado una cosa importante durante los
últimos tres días, y es que nada ha pasado"
Sherlock Holmes
(Creado por Arthur Conan Doyle)
No es que me gusten los chismes, pero Dr. House y Hugh Laurie (el actor que lo interpreta) fueron nominados para ganar los premios Emmy, en los rubros Mejor Serie Dramática y Mejor Actor de Drama, respectivamente.
Ésta es la tercera vez que Laurie es nominado (en las dos anteriores no consiguió el premio). Mientras esperamos de aquí al 21 de septiembre para ver si ahora sí el ámbito televisivo gringo lo considera su mejor actor, les dejo con otras frases extraídas principalmente de las dos primeras temporadas.
N. del F. del N. (O séase: Nota del Freak del Nikoosaurus) Prometo poner frases de los programas más recientes cuando mi economía mejore lo suficiente como para comprar la tercera temporada… y cuando salga en DVD la cuarta, por supuesto.
1. “La verdad comienza en las mentiras”
(Episodio: Principio de Parsimonia, primera temporada)
2. “La petulancia no requiere mantenimiento”
(Episodio: Principio de Parsimonia, primera temporada)
3. “El sexo podría ser mortal. ¿Sabes lo que ocurre en el proceso? Las pupilas se dilatan. Las arterias se estrechan. La temperatura corporal y la presión se elevan. El corazón late deprisa. La respiración se torna rápida y superficial. El cerebro lanza explosiones de impulsos eléctricos sin rumbo. Cada glándula arroja secreciones… y los músculos se tensan y se contraen como si cargaras a un toro. Es violento, es desagradable y es sucio. Si Dios no lo hubiera hecho tan divertido, la raza humana se habría extinguido hace millones de años”
(Uuuuy: Cameron a Chase… muchísimo antes de que se convirtieran en amantes; episodio: Principio de Parsimonia, primera temporada)
4. “La realidad se equivoca casi siempre”
(Episodio: Principio de Parsimonia, primera temporada)
5. “Los matrimonios más exitosos se basan en mentiras”
(Episodio: Virus Mortal, primera temporada)
6. “Es obvio que tenemos una diferencia de opiniones, y eso está bien… lamentablemente, se me acabó el tiempo que dedico cada día a darme de cabeza contra la pared”
(Episodio: Fe, primera temporada)
7. “Normalmente me pondría un gorro y celebraría que la Tierra dio la vuelta al Sol una vez más. Creí que este año no lo lograría, pero nadie pudo impedírselo”.
(A propósito de su cumpleaños; episodio: Esquizofrenia, primera temporada)
8. “¿Acaso una mentira es una mentira si todos saben que es una mentira?”
(Esteeee… ¿me podría repetir la pregunta? Episodio: Fidelidad, primera temporada)
9. “Cuando tienes la razón, dudar de ti mismo no beneficia a nadie”
(Ni siquiera a ti mismo, carajo; episodio: La Decisión, primera temporada)
10. “A todos nos gusta hablar de los demás: nos hace sentir superiores, nos hace creer que tenemos el control. Y a veces, para algunos, saber algo más les hace sentir aprecio por alguien”
(Episodio: La Maldición, primera temporada)
Lo encontré navengando por ahí. ¿A poco no es una chulada? 11. “Claro que lo quieres: nada que puedas hacer cambiará eso. Es tu papá. Haga lo que haga, lo vas a querer”.
(Como la vida misma, digo yo; Chase a un pequeño paciente cuyo padre lo contagió de lepra; episodio: La Maldición, primera temporada)
12. “Llegas a casa una noche y tu esposa te pega con un bate de béisbol. ¿La causa más probable es que desde hace más de ocho años no le agradeces que te haga de cenar, o que encontró un recibo de esposas de cuero en tu bolsillo? Aparición súbita: causa más reciente”
(Me impactó porque el mito de los batazos mientras duermes es una fábula que se narra con mucho éxito en la familia de mi ex; episodio: El Gángster, primera temporada)
13. “El problema es que, si no puedo confiar en ti, no podré confiar en tu petición de que confíe en ti”
(¿Quedó claro? Episodio: El Gángster, primera temporada)
14. “Es fastidioso ser obligado a soportar tonterías”
(A un senador que le pregunta si odia a los políticos, y no: el senador no es mexicano; episodio: Modelo a seguir, primera temporada)
15. “Las personas rezan para que Dios no las aplaste como si fueran bichos”
(Episodio: Modelo a seguir, primera temporada)
16. “Siempre corro riesgos: es una pésima cualidad en mí”
(Episodio: Modelo a seguir, primera temporada)
17. “Esperar lo mejor de la gente no significa que lo que esperas sea verdad”
(No, a veces lo mejor es una buena mentira; episodio: Modelo a seguir, primera temporada)
18. “Sólo quiero saber por qué te agrado: yo no soy cariñoso, y tú eres un muñeco de peluche hecho por la abuela”
(¡Ah, el dilema de la vida! House a Cameron; episodio: Modelo a seguir, primera temporada)
19. “Algunas relaciones no deberían darse”
(Foreman a House, tras enterarse que éste tendrá una cita con Cameron; episodio: Perversión, primera temporada)
20. “No sé cómo llevar una charla informal en una cita: o crees que hablas de una cosa y tienes razón –y es increíblemente aburrido–, o te equivocas porque hay un trasfondo, y entonces necesitas un anillo decodificador”
(Yo sé de eso; House a Wilson, mientras se arregla para su cita con Cameron; episodio: Perversión, primera temporada)
Al más puro estilo de Matt Groening (otra rara imagen encontrada en la red, cuya autoría corresponde a un tal Mikke Gallardo... primo lejano) 21. “Tú no amas: necesitas. Buscas un nuevo caso de caridad. Por eso estás saliendo conmigo. Te doblo la edad, no soy apuesto, no soy encantador… ni siquiera soy amable. Lo que soy es lo que tú necesitas: un hombre dañado”
(¡Ouch! House a Cameron durante la dichosa cita, después de que ésta le pregunta qué opina de ella; episodio: Perversión, primera temporada)
22. “Ella no te odia: te quiere… lo que pasa es que no tolera estar contigo”
(Menos mal; Wilson a House, refiriéndose a su ex Stacy; episodio: Tres Historias, primera temporada)
23. “Sé que esto va en contra de todo lo que les han enseñado, pero efectivamente existen el bien y el mal. El que no sepan la respuesta correcta –sin importar que quizá no haya manera de que la sepan– , no hace que su respuesta sea correcta o buena… es mucho más simple: hace que su respuesta sea totalmente equivocada”
(A un grupo de estudiantes de medicina durante una clase de Diagnóstico; episodio: Tres Historias, primera temporada)
24. “En promedio, los drogadictos son bastante estúpidos”
(Espero que a nadie le quede el saco; episodio: Tres Historias, primera temporada)
25. “¿Sabes qué es peor que un inútil? Un inútil perdido”
(Espero que aquí tampoco le quede el saco a nadie… especialmente a mí; episodio: Tres Historias, primera temporada)
26. “Mis preferencias personales no tienen una importancia práctica en mi vida: siempre elijo el resultado que me parece más reconfortante”
(¿A poco tú no? Episodio: Tres Historias, primera temporada)
27. “Si puedes fingir sinceridad, puedes fingir casi cualquier cosa”
(¿No que no? Episodio: Luna de Miel, primera temporada)
28. “Es una de las máximas tragedias de la vida: algo siempre cambia”
(Episodio: Luna de Miel, primera temporada)
29. “Se supone que la gente es amable con los demás porque las personas son buenas, decentes y afectuosas… o porque todos somos unos cobardes. Si soy malo contigo, tú lo serás conmigo: destrucción mutuamente asegurada”
(Episodio: Pena de Muerte, segunda temporada)
30. “No se puede poner en un pedestal a todos los niños con cáncer. Es estadística pura: alguno debe ser un gatito asustado. Si no hubiera algún cobarde en el grupo, la valentía no tendría sentido”
(Episodio: Autopsia, segunda temporada)
31. “Si te estás muriendo, a todos les caes bien”
(Episodio: Autopsia, segunda temporada)
32. “Los católicos lo dicen: el orgullo es letal”
(Episodio: La Culpa, segunda temporada)
33. “El término correcto es <<narcisismo>>: no puedes sentirte culpable de todo, a menos que te creas todopoderoso”
(Episodio: La Culpa, segunda temporada)
34. “El mundo no sería un lugar mejor si la gente no sintiera culpa: hace que el sexo sea mejor”
(Episodio: La Culpa, segunda temporada)
35. “El cabello rubio te hace parecer una zorra... Me gusta”
(Sucede con frecuencia; A Cameron, tras descubrir que regresó a trabajar en el mismo hospital, pero en la sala de urgencias; episodio: Lo Correcto, cuarta temporada)
July 10 Campamento de Refugiadas (o las casi 30 mujeres que marcaron mi vida), Tercera y Última Parte“Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo,
hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol…
Hay mujeres que van al amor como van al trabajo,
hay mujeres capaces de hacerme perder la razón”
Joaquín Sabina
(Mujeres Fatal)
Para evitar más conflictos emocionales (no sea que también me reclamen por poner viejas encueradas en este espacio), he aquí a la hermana de la guapa señorita de la primera entrega, un poco más recatada, pero igual de coquetona. Por fin, dejamos de hacerla de tos con esta última entrega del catálogo de refugiadas que habitan en mi maltrecho y poco saludable campamento cardíaco.
Debo reconocer que me tardé un poco más de lo habitual, porque estaba esperando publicar la presente continuación de esta incongruente saga precisamente en esta fecha, pues hoy es el cumpleaños de Janita, mi refugiada No. 28. Sirva como un pequeño detalle para celebrar a mi manera que este día, hace ya algunos ayeres, nació una de las mujeres más importantes de mi vida.
N.M.A.N. (O séase: Nota Medio Ardilla del Nikoosaurus) Nuevamente omito algunos nombres de interfectas para no dar excusas que den pie a violentas muestras de agresión verbal, marital, sentimental o electrónica. Faltaron algunas menciones, muy pocas, he de reconocerlo, pero he preferido no expresarlas por varios motivos (el principal, por salud mental).
23. La Novia de Garfield
Arlene no se llama Arlene, ni es un dibujo animado con forma de gato, ni es la verdadera novia de Garfield… pero la brecha que ostenta entre los dientes frontales la hacen parecer horrores. También antigua condiscípula mía en el Centro de Capacitación de Escritores de Telerisa, esta mujer jamás se decidió siquiera a darme un beso, pero ganas no le faltaron (o eso quise creer en algún momento). Inteligente, creativa y poco tolerante, fue la compañera perfecta para ir al cine e intercambiar impresiones después en algún café. Yo sé que pudo surgir algo entre nosotros, pero nos ganó la desidia, el asquito, el miedo o una combinación de las tres cosas (un perfecto Banana Split Sicótico-Amoroso). Con ella, la frase de “Ayer no me querías, hoy no te quiero: mañana no tendremos a quien querer”, de Sabina, adquiere un significado bastante acertado que espero no se cumpla del todo. Hace más de cinco años que no sé nada de ella, desde que se casó Mariován y no me decidí ir a la boda con ella... cosa que aún no me perdona.
24. Maldita Zea
Lo único horrible en Juana era su nombre: de lo demás, no le dolía nadita, como diría mi abuelo. Probablemente la mujer más atractiva con la que he salido, era ejecutiva de cuenta en la misma empresa dedicada a imprimir monografías en la que yo trabaja como editor (el primer trabajo que tuve, propiamente dicho). Todo empezó cuando se aventó a regalarme un beso desde afuera de mi auto, cuando me disponía a arrancar para ir al Centro Histórico por unos negativos. Madre soltera de una pequeña que en ese entonces tenía siete años, fue la segunda mujer a la que le propuse matrimonio… y también fue la segunda esquizofrénica en asediarme después de que termináramos (era capaz de esperarme sentada toda una tarde afuera de mi casa), cosa que ocurrió cuando el padre de su hija, tras enterarse de que tenía novio, se hizo presente después de seis años de desentenderse de ellas, y Juana lo recibió con bombo y platillo. Con ella aprendí que las apariencias engañan, y que las mujeres que están buenísimas no son necesariamente buenísimas compañeras.
25. La Madre de mi Tranquilidad
Cuando las cosas comenzaron a ir mejor en la empresa donde trabajaba como editor de monografías, me otorgaron más presupuesto con el fin de contratar a dos redactores y dos diseñadores para que me apoyaran. Entre una de esas contrataciones se encontraba una mujer de piel blanquísima y cabello castaño claro, que se maquillaba ligeramente más de lo necesario. Al conocerla, mi hermana me comentó: “Vas a terminar andando con ella”, cosa que me pareció bastante exagerada, porque al ser yo su jefe siempre traté de llevar una relación estrictamente profesional con ella… hasta que una tarde, en el aeropuerto, nos besamos. La conocí en junio de 1998, y para diciembre ya estábamos embarazados. Nos casamos por el civil en febrero del siguiente año, por la iglesia en marzo y para septiembre ya éramos papás. Como era de esperarse, nos separamos a los dos años, porque nunca nos dimos la oportunidad de conocernos bien. Incluso ahora que Azomalli, nuestra hija, va a cumplir nueve años de edad, a veces parece que somos un par de perfectos desconocidos, amables pero distanciados. Las razones de nuestra separación fueron variadas y muy dolorosas, pero sólo diré aquí lo mismo que le dije a mi hija cuando, a los cinco años de edad, me preguntó el motivo por el que no vivíamos juntos: “Porque no nos pusimos de acuerdo”. En honor a la verdad, Gaby sigue siendo tan guapa como cuando la conocí; comparto con ella un vínculo muy especial que muy pocas personas son capaces de comprender y, a pesar de todo, cuenta con todo mi apoyo… después de todo, es la mamá de mi tranquilidad.
26. Y mi Tranquilidad
Azomalli nació un 4 de septiembre, a las 7:55 de la noche, en pleno otoño y con lluvia. Cuando el pediatra la acercó a mí, sólo alcance a darle un beso en la frente, y fue cuando comenzó a llorar en serio por primera vez. Por mi parte, yo también comencé a llorar en serio frente al cunero, mientras observaba, a través de una pequeña abertura entre las cortinas, cómo las monjas del hospital la bañaban y le ponían la ropita que, días antes, ya habíamos preparado (yo juraba que nada podría caber en una chambrita tan minúscula: como la mayoría de las veces, estaba equivocado). Mi madre se acercó, me abrazó y me dijo: “Sí, es tu hija”, sabiendo perfectamente que no lloraba de emoción, sino por la terrible caída de veinte que estaba experimentando. Parafraseando como siempre a Sabina, “yo que había jurado morir sin descendencia”, estaba moqueando porque no sabía qué hacer con ese sentimiento, mezcla de orgullo, felicidad, melancolía y miedo de traer a este mundo tan raro a una bola de carne arrugada e inocente. El sentimiento perdura, pero ya no moqueo. Nadie me dijo cómo ser padre, y yo, que todo lo que no sé lo busco a través de los libros, no tardé en descubrir que se escribe mucho acerca de la paternidad, pero que nadie sabe realmente cómo educar a una persona en miniatura. Así que con mi hija puse a prueba mi paciencia, porque nunca supe cómo tratar a los niños en general (soy demasiado torpe para ponerme a su altura), y tuve que aprender a ser padre con una mezcla de instinto, poco sentido común y muchos malos ejemplos. Su nombre es náhuatl y significa “paz, calma, tranquilidad”, y tal vez no sea reflejo de su personalidad, pero al verla haciendo un muñeco con plastilina, dibujando con crayones, comiendo un helado o simplemente peinándose, comprendo que no me equivoqué al bautizarla así, porque Azomalli es la cosa más apacible que me ha pasado en la vida. Hoy me encantaría decir que es la niña más inteligente, despierta y maravillosa del mundo y que le depara un gran futuro… pero lo cierto es que, a pesar de ser una jovencita común y corriente, jamás he querido a ninguna mujer como a ella, y no espero que sea una eminente doctora que descubra la cura contra el cáncer: simplemente, espero que sea feliz.
27. Janita
Ella tampoco se llama así: según la fábula que cuenta para explicarlo, desde pequeña una tía le puso ese apodo de cariño en vez de decirle “Alejandrita”. La conocí cuando me contrataron como redactor para la sección de niños en un conocido sitio en Internet, poco después de haberme casado. Ella trabajaba en la sección de Tecnología y poco a poco fuimos construyendo una gran amistad, que dio inicio cuando los terribles y constantes recortes de personal nos fueron dejando solos en nuestras respectivas secciones, y empezamos a compartirnos nuestras vidas a la hora de la comida todas las tardes. Ha estado conmigo a lo largo de seis años, y es la mujer que mejor conoce mis grandes alegrías, mis extrañas neurosis y mis pequeñas tristezas. Mordaz, irónica y con un enorme corazón, es el ejemplo perfecto de amistad femenina en mi vida, a pesar de que Rafa, nuestro amigo en común, jura y perjura que no es posible que una mujer y un hombre sean amigos. Juntos instauramos nuestros propios conceptos de “Terapia de Peluche” (cuando tratas de ayudar a alguien mimándolo) y “Terapia de Choque” (cuando prefieres optar por decir la verdad, por más que duela). Huelga decir que es experta en este último recurso, y que suele utilizarlo sin demasiados miramientos conmigo. Todavía falta: me ha prometido ser el padrino de su hijo, cuando se decida a tenerlo, pero me convierta en su compadre o no, ella seguirá siendo una de las pocas razones que me quedan para no terminar odiando a las mujeres.
28. La Hechicera
La conocí en la misma página de internet donde trabajaba como redactor. Justo cuando mi matrimonio estaba tronando cual vil ejote, comenzamos a convivir cada vez con más frecuencia, hasta que la convivencia resultó ser algo más. Menuda y ocurrente, la Hechicera sólo alcanzó a murmurar “Ya valió madres” cuando nos besamos por primera vez. Muchas cosas hicieron que la relación no perdurara: su afición por ciertas sustancias sospechosas, la diferencia de edades, su interés por la magia (nunca supe realmente si blanca u oscura, y no es choro), su vida en el destrampe y mi inseguridad tras la ruptura de mi matrimonio. Debido a mi afición por los cómics, ella llegó a usarlos como punto de referencia en nuestra relación: decía que yo era tan patán como Wolverine (favor que me hizo) y que ella era tan dulce y noble como Kitty Pride-Shadowcat (una de las integrantes más jóvenes de los X-Men). Sin embargo, también aseguraba que le gustaría parecerse a Jean Grey, por el poder que tenía de leer la mente… al final, creo que resultó más parecida a Emma Frost, por sus inusuales ataques de supuesta frivolidad mal ensayada. El chiste es que Kitty-Grey-Frost finalmente encontró a su propio Cyclops-Scott Summers, se casó y actualmente vive feliz con dos bebés (su sueño dorado). Y a pesar de que, de vez en cuando me llega un mail, prefiero no recordar lo que llegué a sentir por ella. Retomando las similitudes con el noveno arte, este episodio de mi vida bien podría resumirse con el final de la saga de “Atracciones Fatales”, cuando los X-Men, tras derrotar a Magneto en su asteroide-cuartel general, intentan regresar a la tierra mientras el Blackbird (la nave de los héroes) se cae a pedacitos, y Logan-Wolverine se debate entre la vida y la muerte, luego de que el amo del magnetismo le arrancara el metal que cubre sus huesos. En el momento de mayor dramatismo, el fuselaje de la nave se desintegra y Jean Grey es despedida por los aires… pero una mano vendada logra sujetarla en el último momento. “Te dimos por muerto, ¿regresaste por mí?” exclama Jean ante un Wolverine resucitado, pero en condiciones bastantes lamentables. “Lo entendiste todo al revés, chica”, contesta él, “fuiste tú quién se estiró para tomar mi mano”.
Montserrat llegó un 30 de mayo, a un mes exacto de mi cumpleaños número 29. Hija de mi hermana Mara, cuando recién nació le decíamos "La Ardilla", por los sonidos que hacía antes de empezar a llorar. Estudiante sobresaliente con siete años de edad en la actualidad, es una pequeña amante de los animales, las series animadas de Disney Channel (su mamá no la deja ver mucho Cartoon Network) y los dinosaurios. Chuy y Mara dicen que tiene el carácter muy similar al mío... lo cual ruego que se le quite con el tiempo. Como buenas hijas únicas, ella y Malli solían pelear demasiado hace algunos años: hoy parecen ser más comprensivas al momento de convivir. Muero de ganas por ver cómo serán ambas de adolescentes. Más que un tío o la figura paterna por ubicación geográfica, he tratado de ser un buen amigo para la Montse, pero sin lugar a dudas, es una de las mujeres que más quiero en la vida.
June 19 Campamento de Refugiadas (o 30 mujeres que marcaron mi vida), Segunda Parte“Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan.
Hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad.
Hay mujeres que abren agujeros negros en el alma…
hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz.”
Joaquín Sabina
(Mujeres Fatal)
Contrariamente a lo que pudiera pensarse, ésta no es la señorita Maja que tuve a bien
presentarles a ustedes en la entrada anterior (claro: si la hubiera dibujado su esposo
después de unos 20 años de matrimonio). Se trata de la hija de un tal Pablo de apellido
Picasso que, a pesar de pruebas tan fehacientes como ésta, amaba con locura a las mujeres.
He aquí la (¿ansiada?) segunda parte de la lista de refugiadas en mi músculo cardíaco. Cualquier semejanza con hechos reales, sorry: es la pura verdad.
N. D. del N. (o séase: Nota Destanteadora del Nikoosaurus) En algunas casos, el nombre de la interfecta fue alterado deliberadamente con el fin de no ocasionarle conflictos en su estatus civil actual… o simplemente, para no darle la oportunidad de sentirse soñada.
13. La Guerrillera Guapa
Amiga de la amiga de un amigo, Paty estudiaba en una preparatoria popular y era tan reaccionaria que decía que jamás aprendería inglés, por ser el idioma de dominación mundial por excelencia. Fue la primera por la que fui capaz de realizar verdaderas peregrinaciones para verla, pues vivía en Cuautitlán Izcalli y nos citábamos por lo menos dos veces por semana. Es la revolucionaria más femenina que jamás he conocido; daba unos besos que sólo pueden ser catalogados con una palabra: “anárquicos” (uuuuy).
14. La Vicky… Form
Al salir de la prepa, mi amigo Marco y yo solíamos estudiar para el examen de admisión en la UNAM en la casa de Gaby, la novia de éste. La verdad es que esas largas y aburridas tardes podrían haber pasado sin pena ni gloria de no ser por Myrna, una amiga de Gaby, que se nos unió con la misma intención de asegurar su lugar en la autonombrada Máxima Casa de Estudios. Obtuvo su lugar en el salón de la fama de mi campamento de refugiadas no sólo por ser la primera mujer a la que le descubrí lencería coqueta (morada y con lacitos, muy presente tengo yo), sino porque también me dejó verla (¡yes!).
N. A.del N. (o séase: Nota Añeja del Nikoosaurus): como dato curioso, diré que Marco y yo no estudiamos casi nada (yo por andar viendo lencería, él por andar enseñando cálculo), y Gaby y Myrna se la pasaron quemándose las pestañas. ¿Resultado? Marco y yo fuimos aceptados en la UNAM… las chicas, no. Una prueba más de que el sistema educativo mexicano es un verdadero asco.
15. La Novia de mi Amigo
Aún hoy, ignoro si puedo tomarme la licencia literaria de decir que Armando fue mi amigo del alma. De hecho, al salir de la prepa éramos parte de un grupito inseparable, conformado por él, Marco (hoy casado con una de las primas de Gabriela, mi ex y madre de mi hija), Javier (“El Morao”, porque era bastante moreno) y yo. Pero siempre creí que lo único que teníamos en común Armando y yo era nuestra amistad con Marco… hasta que Vero, su novia de toda la prepa, me besó cuando ya habían terminado (muy decente ella: me preguntó si podía darme un beso cuando regresábamos de la tienda con los refrescos; como respuesta, puse mi cara de imbécil no. 342, momento que aprovechó para juntar sus labios con los míos). Armando se enteró por ella misma, quien obviamente planeó todo para darle celos, por lo que mi relación –de por sí frágil– con él se deterioró aún más. Vero hoy está felizmente casada, tiene una hija adolescente y vive en provincia. De mi amigo Armando… caray, la verdad es que no sé nada de mi amigo Armando. Y todo por no saber decirle que no a una chica (moraleja: cuando una mujer te pregunte si te puede besar, es porque se trae algo entre las manos).
16. La Pequeña Cómplice
Ustedes perdonarán el título (parece nombre de telenovela, lo sé), pero Peque fue lo más cercano a un camarada que pude tener en los inicios de mi vida universitaria. Nos juntábamos para hacer los trabajos que pedían los maestros en equipo, y siempre nos saludábamos con la frase “Yo te conozco”, porque estábamos seguros de que ya nos habíamos conocido desde antes, aunque no recordábamos en dónde. Había atracción, sin duda, pero nunca ocurrió nada entre nosotros. Tras titularnos, nos distanciamos bastante. Se casó tres años después que yo, y cuando su matrimonio también tronó, me llamó para vernos. Digamos que, por una sola vez, consumamos lo que nunca ocurrió en la universidad, pero yo sé que fue el síndrome post-rompimiento lo que la orilló a hacerme esa propuesta, que no tenía ya nada de atracción ni de cachondez, y sí mucho de frustración con un tinte de venganza inútil en contra de su ex. Hoy, como era de esperarse, he perdido todo contacto con Peque, aunque me dejó una sabia enseñanza: consumar algo que nunca fue, te puede servir para muchas cosas… excepto para llenar los vacíos que te quedan en el corazón.
17. La Bella Airosa
Es originaria de Pachuca y también iba en mi grupo universitario. Con ella aprendí que un paste puede ser un verdadero manjar y que una Caribe Cooler de durazno (¡háganme ustedes el favor!) sabe mejor cuando se comparte. Menuda, solía sujetar su cabello en una coleta y se maquillaba un poco más de lo necesario, pero era dulce y guapa. Me cortó una semana después de que iniciamos nuestro noviazgo; sin embargo, mi maltrecho orgullo masculino se recuperó por completo cuando, cuatro años después, le di un aventón a su casa después de una fiesta organizada con los compañeros del salón y, como despedida, me besó argumentando que no quería dejar pasar la oportunidad antes de titularnos. No he vuelto a saber nada de ella tras terminar la carrera, pero algunos ex compañeros me comentaron que regresó a Pachuca, donde se casó y se convirtió en mamá.
18. La Actriz Amateur
Una de las funestas consecuencias que me trajo la ruptura con la Bella Airosa, fue el cambio necesario al turno vespertino en la universidad para poner horarios de por medio entre ella y yo, sin saber que en ese salón conocería a algunos de los personajes más extraños con los que me he topado en la vida. Uno de ellos fue esta chica, quien cursaba la licenciatura en comunicación a pesar de que en realidad deseaba ser actriz. Y acá entre nos, se le daba muy bien: protagonizó más de un cortometraje realizado por estudiantes de semestres más avanzados. Debido a su carácter juguetón, nunca supe si sus coqueteos eran sinceros, ni siquiera cuando nos besamos en el cuarto oscuro del salón de fotografía (su única reacción fue soltar una carcajada y exclamar: “¡Así, chingao! Eso debiste hacer hace mucho tiempo”), pero de un beso no pasó. De acuerdo con las estadísticas que señalan que las mujeres de mi generación actualmente ya han adquirido un compromiso, esta refugiada también se casó y tuvo dos hijos. La última vez que la vi fue hace unos cinco años en una reunión de ex alumnos, donde, al momento de despedirse, me miró fijamente y me susurró: “Aún queda algo pendiente entre nosotros”. Pero la verdad es que las probabilidades, como cuando éramos estudiantes, siempre seguirán estando en nuestra contra.
19. La Flor de Asfalto
Llegó al salón de clases cinco semanas después de que inició el semestre, también en el turno vespertino, vestida con medias, zapatillas y falda mona. “La clásica admiradora de Luis Miguel”, pensé, aunque no podía negar que sus caderas tenían magia. Poco tiempo después reveló su verdadera personalidad: renunció a su trabajo en American Express y se dedicó de lleno a su carrera. Le gustaba el rock urbano, hacer videos de protesta y escuchar trova (de hecho, gracias a ella conocí a Fernando Delgadillo). Se volvía loca bailando rolas de La Maldita Vecindad y se hizo novia de uno de nuestros compañeros, apodado “Pandache”. En alguna ocasión, cuando rompió su relación con él, paseamos por los alrededores de la universidad y acabamos sentados en el parque que está junto al Monumento a la Madre, donde me regaló un beso. Pero yo preferí pintar mi raya debido a un mal concebido código de honor, que me dictaba no hacer algo que pudiera afectar a “Pandache”, a pesar de que, en realidad, no era mi amigo-amigo. Hace unos seis años tuve la oportunidad de reencontrarme con ella, pero después no he vuelto a verla. Hoy, es la productora del noticiero televisivo matutino de mayor audiencia en México… y “Pandache” trabaja con ella (el destino, hermanos, el destino). Ninguna otra mujer me ha escrito una carta como la que ella me dio hace ya más de 17 años, que concluía con la lacónica frase: “De las despedidas, las desapasionadas”.
20. El Troll
Probablemente, se trata de la mujer menos agraciada con la que he salido. Maestra de inglés de una escuela particular, Troll era inmensa y fue el cómplice perfecto para compartir muchas locuras, pero no sólo la recuerdo por eso, ni por ser la primera mujer con la que entré a una sex shop, sino porque ha sido la única que se ha tomado la molestia de colocar una manta en las afueras de mi casa para desearme un feliz cumpleaños… aun a sabiendas que detesto celebrarlo.
21. Un Amor Chiapaneco
Podría decir muchas cosas acerca de Hámster, pero la verdad es que no me alcanzaría ni el tiempo en horas de oficina, ni el espacio en este blog. Es la clásica historia de amor que comienza con dos tipos que se odian, y que por azares del destino se dan cuenta que tienen mucho más en común de lo que quisieran aceptar. Originaria de Comitán, Chiapas, estudiaba comunicación un semestre más adelantado que el mío, y compartimos desde el sueño de hacer de éste un mundo mejor, hasta la pasión y la sorpresa de encontrarnos con alguien idéntico a nosotros mismos bajo las sábanas. Fue la primera mujer a la que le pedí matrimonio… y no aceptó, pues deseaba tener un estilo de vida superior a la de dos estudiantes con carrera truncada. Estuvimos juntos más de cuatro años, hasta que el hastío y la madurez nos obligaron a separarnos. Hoy, tras titularse y convertirse en la directora regional de comunicación de la misma universidad en la que nos conocimos, Hámster se casó, se embarazó, tuvo una hija a la que bautizó como Hamstercito (obviamente esto último no es cierto), se separó y finalmente posee el tipo de casa, auto, status, trabajo y refrigerador que siempre deseó… pero le falta algo. Hace poco se puso en contacto conmigo y salimos con nuestras respectivas hijas, pero lamento informar que no se trató de ningún conato de reconciliación: simplemente, creo que Hámster necesitaba recordar lo que había sido ella antes de olvidarse de sí misma. Como sea, ahora es una mujer completamente distinta a la chica que conocí hace ya más de 16 años, pero a veces me da por pensar no en lo que fue, sino en lo que pudo haber sido… o tal vez en lo que debió ser.
22. La Gran Directora
Movie fue lo que podría llamarse un gran cuate en toda la extensión de la palabra. La conocí en un diplomado de Creación Dramática de cierto monopolio televisivo, y como su casa en Tlatelolco quedaba de paso en mi ruta hacia San Ángel, me quedaba de ver con ella de camino a clases para irnos juntos. Compartimos desde las idas al cine a deshoras, con palomitas y refresco gigantes, hasta las tardes desperdiciadas en Comic Castle leyendo historietas (era fanática de The Maxx), pasando por las tantas noches recostados en la alfombra de su cuarto, debrayando en vez de ponernos a escribir un ejercicio de teatro para el maestro Argüelles. Adicta en ese entonces a los juegos de rol de Vampire, siempre fue una estupenda escritora que ganó no sé cuántos premios de cuento regionales, pero lo suyo siempre fue el cine (estudió en el CUEC, de hecho). Y tan es así, que hoy es una de las directoras más reconocidas de México… hasta mención propia tiene en Wikipedia. Durante el diplomado, no recuerdo a santo de qué, discutimos algo fuerte y no volvimos a hablarnos. Su recuerdo deambula por mi campamento de refugiadas porque fue la primera que me demostró que entre un hombre y una mujer sí es posible que exista una verdadera amistad, sin que haya interés romántico o atracción de por medio.
(Amenaza con continuar...)
March 27 Campamento de Refugiadas (o 30 mujeres que marcaron mi vida), Primera Parte“Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,
hay mujeres que nunca reciben postales de amor,
hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados,
hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no”
Joaquín Sabina
(Mujeres Fatal)
Con ustedes, esta linda señorita cuyo nombre es Maja y se apellida Desnuda. Dicen los que saben que
tiene una hermana que se llama igual, sólo que su apellido es Vestida (yo, como Sabina, “prefiero a la
misma que tú”). Quisiera decir que esta diferencia de apellidos tal vez se debe a que son de progenitor
distinto, pero la paternidad de ambas se le atribuye a un tal Pancho Goya, creador también de porras
universitarias. No conforme con mi odiada tendencia misógina (que se va acrecentando con los años, he de aceptarlo), quise festejar el Día Internacional de la Mujer compartiendo con ustedes los recuerdos que tengo de esos seres que, más por necedad que por convicción, se han convertido en las personas de mayor relevancia en mi vida.
El problema es que, al escribir, me percaté de que las cuentas no me cuadraban: en la mayoría de los casos, el texto era mucho más extenso que mis ganas de redactarlo. Y como no se trata de aburrirlos, que no es tortura árabe, decidí darles este tour para visitar el campamento de refugiadas que tengo por corazón en tres cómodas entregas.
Sea pues: éstas son las mujeres que han marcado mi vida, cual vil hierro al rojo vivo para identificar inacuto ganado (la metáfora no me hace muy feliz, pero las cosas como son). Muchas felicidades en su día, aunque sea tarde, después de todo… y a pesar de todo.
1. El Fatídico Origen
A mi abuela materna nunca la conocí… murió poco antes de que yo naciera, y sólo pude entrever un poco de ella a través del carácter de mi madre. A pesar de ser una mujer reacia, fuerte, hosca y distante -pero igualmente sufrida y abnegada-, logró dejarme una especie de legado en su mismo nombre: Esperanza.
2. La Primera de Todas
Chuy, “Negrita”, “Chuchas”, Mary o como quieran apodarla las personas que conocen a la Sra. María de Jesús, en cuyas venas corre sabiduría prehispánica, virreinal, trigarante y revolucionaria... y ella sin estar consciente. Mi madre fue la primera mujer a la que hice sufrir, porque le causé una hemorragia al nacer (me sacaron con fórceps, de hecho). Siempre fue mi ejemplo a seguir, no solamente por llegar tan lejos sin siquiera haber concluido el tercero de secundaria, sino porque siempre se esforzó por vivir. Hoy, orgullosa abuela, sigue esforzándose... a pesar del cansancio. Le estaré agradecido eternamente por no darse nunca por vencida (aunque siempre he creído que más mala leche y menos sentido de la responsabilidad me hubieran caído de maravilla cuando me crió).
3. La Eterna Camarada
Mara no se llama verdaderamente Mara: lo usa como apócope de María Araceli. Cuando yo era bebé, solía decirle “Ta-ti-to”, debido a que aún no podía pronunciar bien “Ara-celi-to”. Lo cierto es que atrás quedaron todas aquellas travesuras infantiles realizadas con mi hermana, que después se transformaron en fugaces alegrías de pachangas y conciertos ochentenos compartidos, sin olvidar las profundas depresiones adolescentes (y no tan adolescentes). Una de las pocas mujeres brillantes que he conocido, y que ha podido “ser” y no ha “querido”. Quizás por desidia. Tal vez por rebeldía. A lo mejor por ambas. Sólo ella lo sabe. Tenerla como hermana es un verdadero agasajo, así como un perfecto entrenamiento para entender a las mujeres… cosa que, a pesar de las buenas intenciones, jamás me ha sido posible.
4. La Chica de al Lado
Mi vecina era rubia y de ojos verdes. Ivonne solía vestirse con pantalones de mezclilla y hacer todas esas cosas que a los niños nos gustaban: jugar a “Policías y Ladrones”, trepar a los árboles y echarse una cascarita de fútbol soccer. Pero detrás de esa imagen de marimacho, era una niña tierna y dulce. Ella fue quien me regaló mi primer beso a los ocho años de edad, dejándome un ligero sabor a caldo de pollo (acababa de comer, y tal parece que no se lavaba muy bien los dientes, la muy cabroncita). En la adolescencia, tras morir su madre de cáncer, se la llevaron a vivir a Pachuca, donde al crecer se convirtió en chofer de taxi (sin palabras). Un familiar lejano le comentó a mi hermana, hace unos tres años, que murió en un accidente de tránsito.
5. La Pequeña Rajona (y la Maestra Maldita)
Cierta mañana agonizante, antes del periodo vacacional de Semana Santa, la maestra María de los Ángeles, con su aire ministerial de nana revolucionaria, nos dejó un chingo de tarea a todos los gazapos del 4°B de la Escuela Primaria Constitución de 1857 (favor de leer el nombre con fanfarrias al ritmo de “Se levanta en el asta mi bandera”, cómo no). En la tercera cuartilla de instrucciones, se me salió murmurar “pinche maestra”, del coraje. Ni tarda ni perezosa, Teresa, la compañerita con la que compartía el pupitre, se levantó y fue de chismosa con la honorable profesora, que desde ese momento me agarró tiña y, para mi mala suerte, volvió a ser mi maestra en quinto y sexto. Como resultado, citaba a Chuy constantemente para que fuera a hablar con ella por cualquier tontería, y nunca salí en la escolta de la escuela. Pero eso tan sólo es la mitad de la historia, porque Teresa me gustaba, pero nunca dejé de sentirme traicionado… así que jamás le compartí de mi Frutsi durante el recreo.
6. La Niña que Sería Cajera
En alguna ocasión, un amigo de la infancia llamado Ángel Lobato y yo nos peleamos por una chica que no vivía en nuestra unidad habitacional, sino que iba de visita cada fin de semana a casa de una de sus tías. Se llamaba Flor y era dos años más grande que yo, pero tenía unos lindos ojos color aceituna y cierta tendencia a recostarse cuando nos besábamos en las escaleras de los edificios (¡y yo tan ingenuo a los 13 años, Dios mío, que no supe aprovechar esa manía!). Quince años después me la fui a encontrar en un Scotia Bank, trabajando como cajera... y hasta me cambió un cheque (si me reconoció, no lo demostró). De vez en cuando la recuerdo, trepando por la reja de la casa de su tía, porque se le habían olvidado las llaves, y llevaba falda larga (¡olé!).
7. La Big Bang Theory
¿Alguna vez han salido con una nerd? Bueno, pues a esa imagen añádanle todos los clichés del término y podrán darse una idea de cómo era Rita: hasta lentes con fondo de botella tenía. Mi último amor de secundaria, fue un verdadero patito feo que se transformó en cisne, porque tres años después, en una reunión de ex alumnos, todos pudimos constatar que se puso buenísima y ya usaba pupilentes (lástima que ya no me peló… digo, era inteligente la niña, ¿qué esperaban?). Forma parte de mi campamento de refugiadas porque me mostró que las apariencias engañan… y que incluso las más tímidas pueden dar besos capaces de robarte hasta el alma.
8. La Flautista
Carmen tenía una hermana gemela que se llamaba Aída (adivinaron: su padre era amante de la ópera). Dos años menor que yo, la conocí en la secundaria, donde tocaba la flauta en la banda escolar. Entre otras ridiculeces cometidas con ella, fui chambelán en su fiesta –doble, por supuesto– de 15 años. También fue mi primera decepción amorosa real, pues me engañó con un güey de 2°B. Pero esos atardeceres en la azotea de su edificio nadie me los quita.
9. La Pussy-Cat
No, no es ninguna evocación hardcore: Deyanira, además de tener nombre exótico, contaba con un lindo rostro de gatito de calendario, coronado por unos tremendos ojazos verdes. Nos estuvimos mirando durante los dos primeros años de la prepa, pero jamás pasó nada. Incluso durante las clases de canto, al momento de ensayar “La Malagüeña”, solíamos observarnos y compartir sonrisas pseudo-cachondas. Fue así como comprendí realmente que una mujer puede ser “linda y hechicera”.
10. La Primera… Esquizofrénica
Fabiola era una de las chicas más raras de la prepa: figúrense que mi amigas decían que sus zapatillas se parecían a las de los juguetes Mi Alegría… pero yo comencé a dejarle cartas anónimas en su pupitre, pese al sentido común y a las críticas de mis cuates (a mí me gustaba, vaya). Fue “la primera” en varios aspectos: la primera que me dejó la marca de un chupetón en el cuello, la primera con la que hice el amor… y la primera en hostigarme después de dar por terminada la relación. No era ni brillante, ni simpática, ni demasiado guapa; como diría Sabina: todas la aventajaban en virtud… pero ninguna me dio lo que ella, incluyendo mi primer diplomado en ímpetu (Dios… ¿por qué carajos no podemos quedarnos eternamente en la dulce y salvaje edad de los 18 años?). Hace como década y media algunos amigos y yo estábamos tomando un café en algún Vip’s sobre insurgentes, y la mesera que nos atendió se me hizo conocida: era ella (¿en dónde dice que sólo debemos salir con científicas de la NASA?).
11. La Ratona de Biblioteca
Elizabeth Suárez Rubio estaba en mi salón en el último año de prepa, en el área de ciencias químico-biológicas, porque deseaba cursar una carrera técnica en fisioterapia. A pesar de ser catalogada por el grueso de la población preparatoriana como una nerd, era una chica sumamente guapa y bastante agradable. Fue la primera vez que me enamoré realmente… pero Fabiola (la esquizofrénica del punto anterior, ¿recuerdan?) volvió a hacerse presente, y me ganó más la calentura que el sentimiento. En mi patética defensa, puedo argumentar que yo tenía 18 años, aún era virgen e inmaduro, ya me andaba y Elisa nunca quiso soltar prenda (fue una de las pocas chicas que conocí que realmente sabía lo que quería hacer con su cuerpo). ¿El resultado? Ella descubrió chupetones en mi cuello y lo demás es una triste historia que bien podría titularse: "La manera más pendeja y dolorosa de aprender que cualquier engaño tiene consecuencias funestas". Antes de entrar en la universidad, me enteré que se convirtió al cristianismo y que logró ser aceptada en alguna institución de enseñanza médica para cursar su tan ansiada carrera. Hace casi 20 años que no sé nada de ella, pero no pierdo las esperanzas: tal vez algún día vuelva a verla (sólo espero que no sea porque me lastime la espalda en un accidente de tránsito y me receten fisioterapia).
12. Una Veterinaria "Modelo"
De mi fugaz paso por la Escuela de Medicina Veterinaria Zootecnista en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, sólo me queda el recuerdo de una chica llamada Tania, que siempre llevaba el cabello recogido y hacía, junto con mi grupo de compañeros, labores de voluntariado en las granjas de la escuela. Le gustaba la marihuana, entrenar rottweilers y dormitar en los jardines de la facultad, cuando no lográbamos llegar temprano a la primera clase de Bioquímica. Delgada y bonita, alguna vez alguien tuvo la ocurrencia de decirle que bien podría dedicarse al modelaje, a lo que ella respondió: “¿Qué te pasa? Ese es un oficio en el que no puedes andar con la mierda hasta las rodillas”. Y al mirarla sonriendo satisfecha y limpiándose el sudor después del trabajo voluntario, con las botas de hule manchadas con estiércol, comprendí a la perfección lo que quiso decir. Hace 12 años me la encontré sobre la calle de Mérida, antes de llegar a avenida Chapultepec: se bajó del auto, me abrazó efusivamente y me dijo que, al igual que yo, ella no se graduó como veterinaria, pero que tampoco se convirtió en modelo.
(Continuará…)
March 11 De reposos e inercias“Y es que no hay nada mejor que imaginar…
la física es un placer.”
Nacha Pop
(Una Décima de Segundo)
Llegar a una casa vacía por las noches tiene algunos inconvenientes, y estos inconvenientes son directamente proporcionales a la cantidad de espejos que habitan en esa casa. Tras un día entero de ajetreo en el trabajo, cuentas por pagar que no salen, preocupaciones por el nuevo galán platónico de la Malli (el niño en cuestión se llama Emilio, y va en tercero), una vida amorosa del nabo, y dos horas de tráfico desde Santa Fe hasta El Arbolillo, me siento cansado… demasiado incluso para maldecir que es lunes y no hay nada bueno en la televisión.
Enciendo la tele, y lo compruebo: ni siquiera un cocodrilo acechando a una manada de ñues desde el fondo del Nilo en el Discovery Channel.
Arrastro los pies hacia el baño. Me miro en el espejo y veo lo que observo todas las noches antes de dormir: las canas que empiezan a poblar los costados de mi cabeza (cinco años más y estaré igualito a Reed Richards, seguro), los dientes manchados de nicotina y las arrugas que descienden desde mis ojos hacia la quijada, marcando la ruta de mis músculos al reír.
Hace algunos meses, tras mirar mi rostro con un dejo de inconformidad, Janita me dijo (con la bella ironía que la caracteriza) que sería capaz de pagarme una aplicación de botox…
Si yo no creyera que las arrugas son como las heridas de guerra, ya le hubiera tomado la palabra.
Estoy envejeciendo, carajo. Cada día, un poco más. Y no puedo hacer nada para evitarlo.
De pronto, me veo a los siete años de edad, hojeando el primer cómic del Hombre-Araña que leí. Aún ahora soy incapaz de recordar quién era el villano en turno, pero una imagen —que se me quedó grabada para toda la vida— vuelve a hacerse presente en lóbulo parietal derecho de mi cerebro: Peter Parker llegando a casa, descolgándose de un tragaluz ubicado en el techo de su baño, cansado de cuerpo y alma, con el disfraz hecho jirones. Se quita lentamente la máscara frente al espejo, y se hace una pregunta con los ojos que es incapaz de responder.
Claro: como todo niño, siempre quise parecerme al Hombre-Araña. Pero creo que sólo lo logre un poco en lo nerd… y ni así, porque a diferencia de Peter, nunca fui un genio en física. Irme a examen final de segunda vuelta en la preparatoria lo confirma. El recuerdo entonces me jala hacia otro lado: claramente me veo ahí, en el salón de clases vacío de una preparatoria escondida en Azcapotzalco, como el único de los alumnos que queda, sentado en el pupitre mientras el profesor me mira con una mezcla de hartazgo y resignación, mientras me llevo la hoja de papel hacia la cara para leer y releer el único problema que viene en el diabólico examen:
Un coche de 600 kilogramos se mueve sobre un camino plano a 30 metros por segundo.
Por favor, diga: ¿cuál es la fuerza (suponiéndola constante) que se requiere para detener
al automóvil en una distancia de 70 metros?
No, pues si necesita una distancia tan larga para detenerse, está del nabo el triste carrito. Trato de imaginármelo volando sobre un precipicio al más puro estilo de Thelma & Lois tras no librar una de las curvas de la carretera libre a Toluca, mientras el profesor sale del aula a platicar con el director, con la plena certeza de que ni siquiera tengo la capacidad de preparar un acordeón adecuado para resolver este tipo de problemas (ojalá el coche que necesita 70 metros para frenar sea el suyo, pinche maestro nazi). Me viene a la mente una fórmula vista en clases anteriores, y decido utilizarla. Comienzo a escribir a lápiz cuando alguien me llama entre susurros...
—No seas güey: no tiene nada que ver con fuerzas coplanares...
Volteo y me topo con el rostro del Sr. Peter Parker, el meritito Hombre-Araña, sentado en el pupitre que se encuentra junto al mío y mirándome con apremio.
—No estés chingando ahorita —le contesto, también por lo bajo—. Estoy tratando de concentrarme
—Claramente se ve que necesitas ayuda.
—Y claramente se ve que tú necesitas que el Doctor Pulpo use sus tentáculos para hacerte una lobotomía.
—¿Por qué tanta agresión, vaya? —me contesta dolido—. Yo puedo echarte una mano con eso.
—No creo: cuando llegue el día en el que necesite los consejos de un producto de mi imaginación hiperactiva, seguramente usaré pañal y tendré dentadura postiza... y todavía faltan como 70 años para eso...
—Ni le busques: podrías sufrir un accidente y quedar parapléjico y chimuelo.
—¿Por qué no te vas a jugar bungee desde las gárgolas del Empire State? Sólo asegúrate de que la teleraña te quede lo suficientemente larga como para que te fractures el cráneo contra el pavimento.
—Lo dudo: es elástica.
—Sí, y está hecha de polímeros de tu invención, genio. Me sé toda la historia. Oye, ¿de casualidad no te espera la Tía May para cenar Hot-Cakes?
—Aún es temprano —contesta como si nada y me mira con interés académico—. La vas a regar si usas la fórmula de las fuerzas coplanares.
Volteo hacia todos lados teatralmente, como buscando a alguien más.
—Que yo sepa, no hay alguien aquí interesado en preguntártelo —le contesto sarcástico.
—No seas bestia: esa fórmula sólo sirve para calcular puntos de equilibrio y torsión.
—Bueno, por lo menos, me servirá para calcular cómo torcerte los testículos si no desapareces antes de que me cache el maestro hablando solo.
—Hazme caso —dice guiñándome un ojo, con aire cómplice.
—¿Tú que vas a saber?
—Mucho: tengo un diplomado en Física Cuántica.
—¿Según quién? ¿Stan Lee? Por Dios: ni siquiera existes...
—Créeme que te dejaba en paz si tuvieras una opción mejor, pero andas bien perdido...
El cabrón me hace dudar.
—Bueno —le digo sin estar muy seguro—, podría usar la fórmula para movimiento rectilíneo uniformemente acelerado.
Peter hace una mueca, como diciendo: “Estás pero si bien güey”.
—¿Rapidez, velocidad y aceleración? Date por muerto —me reprocha—: la línea de acción del movimiento rectilíneo sólo afecta el desplazamiento, no el retroceso, que en este caso sería el frenado del coche…
—Prefiero arriesgarme con eso —susurro sin voltear a verlo, a punto de la exasperación.
—Te voy a dar una pista, nomás porque me caes bien...
—Uuy, muchas gracias —lo interrumpo—, ya me estaba preocupando: es imprescindible para mí agradarle a un cuate que sólo existe en hojas de papel periódico y vive con su tía anciana...
—Oh, pues: qué lata con mi tía...
—Si no te gusta, llégale.
—Ese problema no tiene nada qué ver con aceleración —continúa sin darle importancia a mi comentario—, sino con fuerza y masa. ¿Te suena?
Chale: tiene razón. Parpadeo tres veces, sin alcanzar a comprender del todo.
—¿La Primera Ley de Newton?
—Claro que no: esa dice que un objeto en reposo…
—Permanecerá en reposo —completo su frase.
—Y un objeto en movimiento continuará en movimiento…
—Y a velocidad constante.
—¿Ves cómo no eres tan güey después de todo? —me dice con una sonrisa de triunfo: casi podría jurar que estaba a punto de echarme una porra, el muy cabrón.
—De acuerdo —exclamo intuitivo—. Entonces, se trata de la tercera ley, la de Acción y Reacción...
—Exacto: por cada fuerza que se aplica a un cuerpo…
—Hay una fuerza igual en magnitud y dirección, pero de sentido contrario —contesto con seguridad.
—Y lo que debes hacer es…
—Despejar la aceleración del coche a partir de la ecuación de movimiento: aceleración al cuadrado por fricción al cuadrado entre la distancia multiplicada por dos...
Comienzo a escribir en la hoja:
aceleración (Va) = 30 m/s
Fricción (Vf) = 0
distancia (x) = 70 metros
a = Vf2 - Va2 entre 2x = 0 - 900 m/s2 entre 140 m = -6.43 m/s2 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||